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Opinión


4 Febrero, 2018.

¿Permitiremos que Odebrecht fije límites a su deuda?

¡La constructora brasileña solo quiere pagar como reparación civil el 6% del total solicitado por la Procuraduría!

Es tan culpable el que corrompe como el sobornado. No obstante, sin el metálico o beneficios de por medio jamás hubiera habido coimas ni sobrecostos, tampoco retraso en las obras, menos una sociedad paralizada y desconfiada llorando sus oportunidades perdidas. ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?

Ninguno: quien empezó fue el dueño del dinero. Aquel que tiene los bolsillos llenos y quiere seguir robusteciéndolos; aquel que ofrece el cumplimiento de sueños imposibles a cambio de una firma, de un sí o de un veto; aquel que arma una estructura delictiva de filigrana, inexpugnable y vencedora en apariencia (aunque en el fondo sea un coloso con pies de barro, débil y vulnerable. Hoy, derrotado, pone excusas o toma mal habidos atajos para liberarse de su responsabilidad).

No debe temblarnos la voz ni la mano para exigir que todos los corruptos paguen su reparación, así les tome varias décadas. ¿Acaso no somos conscientes de que los perjuicios repercutirán durante generaciones? No solo por una suerte de “legalización de la corrupción”, sino por todo aquello que se dejó de hacer con esos fondos públicos: a unos les tocó inmerecidos lujos y a otros, solo más miseria.

Resulta esencial distinguir entre multa e indemnización. La multa es una pena similar a la privación de la libertad, mientras que la reparación civil —regulada por el artículo 93 del Código Penal— es la compensación por el daño ocasionado. Son dos conceptos distintos. No podemos permitir que intencionalmente se genere confusión; tampoco que congresistas como Javier Velásquez Quesquén o Víctor Andrés García Belaunde opinen en contra de la Procuraduría llevados por la emotividad o por la permanente percepción de ineficiencia.

Tenemos que ser fríos sin dejar de ser justos, y sin olvidar que siempre deben prevalecer los intereses del país. No se trata de quebrar empresas: hay que mantener la viabilidad pero con un norte claro, esto es, el pago de la reparación como prioridad.

Un juez estadounidense ordenó a Odebrecht pagar una multa de US$2600 millones: 2390 para Brasil, 93 para Estados Unidos y 116 para Suiza. Originalmente la multa establecida fue de US$4500 millones, pero se rebajó y se les otorgó un plazo de veintitrés años para cancelarla. No hay denuncias de sobornos en Estados Unidos o Suiza; la multa se impone porque la ley de ambos países permite procesar a compañías extranjeras por actos de corrupción en el exterior, siempre que dichas sociedades tengan algún vínculo con Estados Unidos o Suiza.

En el caso del Perú, lo primero que hay que hacer es fijar el monto real adeudado. Es correcto lo que está haciendo la Procuraduría; quizás la oportunidad no sea la más adecuada y hubiera sido preferible esperar las declaraciones de Jorge Barata (quien resultó ser chantajista además de corrupto) para luego establecer cifras y plazos de pago prudentes. Como sea, no podemos dejarnos amedrentar.

Nicolás Lúcar expresó en su programa radial que le parecía una suma sideral y que el hecho de que Odebrecht haya confesado que robó, sobornó, sobrevaluó y todos los demás actos delictivos en los que tuvo la osadía de incursionar “tenía un valor”, dando a entender que esa graciosa voluntad de confesar y “colaborar” ameritaba una reducción en el monto de la reparación civil. Si han logrado confundir a un hombre informado e inteligente como Lúcar, les será muy fácil manipular otras opiniones. ¡Tenemos que ser firmes!

El procurador Jorge Ramírez tuvo mucha razón en una reciente entrevista: “¿Cuál es el mensaje que quiere dar Odebrecht pretendiendo pagar lo que quiere pagar? Pues que la corrupción sale barata: vienes, corrompes, te enriqueces ilegalmente, das información y entras a una negociación. Y esto no puede ser así”. Solo quiere pagar un monto irrisorio, diminuto: ¡215 millones de soles, equivalentes a 6% del total de 3468 solicitados por la Procuraduría!

¿Dónde se ha visto que el gran culpable fije caprichosamente límites a su deuda? ¡Inaceptable! No cedamos un milímetro, si es que somos capaces de sustentar cada centavo de reparación solicitado. ¿A quién podríamos tenerle miedo? ¿A Odebrecht? Pánico debería darnos que el Perú nunca salga de este círculo vicioso de pobreza, informalidad y corrupción y haber condenado a nuestros hijos a un futuro incierto y sin esperanza.

Va nuestro mayor respaldo para el equipo de la Procuraduría ad hoc. Confiemos en que no se amilanen ante la presión: el país necesita resultados.


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