toggle menu

Opinión


19 Septiembre, 2017.

Obviedades

Tres cosas que ya deberían estar clarísimas en esta inútil disputa de poderes.

Paolo Benza

| Columnista

Ha sido tal la volatilidad de la escena política en los últimos días que resulta estéril hacer predicciones por el momento. Pero mientras las fichas realizan sus últimos movimientos en el tablero político, aprovecho para mencionar tres cosas que ya deberían estar clarísimas en esta inútil disputa de poderes, pero que algunos todavía pierden de vista.

UNO. Pareciera que al fujimorismo le importa un pepino la gobernabilidad y el bien del país y que su único objetivo fuera fastidiar al gobierno para ganar poder. Bastó escuchar media hora de cualquiera de las interpelaciones para pensar así. Bastó prestar un mínimo de atención a las intervenciones de los congresistas para imaginar que la caída de los ministros ya está decidida y que lo que sea que estos digan para defenderse no será tomado en cuenta.

Y, por supuesto, esta vez tampoco faltarán los que digan que lo de Saavedra fue por corrupción (aunque el caso no implicaba al ministro, igual que el de la compra de computadoras en el Congreso, que era idéntico, no implicaba a su presidenta) y el bien de los estudiantes (porque la mejora en PISA fue puro psicosocial, ¿no?); que lo de Martens fue por no poder resolver la huelga (de la que el fujimorismo se enteró dos meses después de iniciada, solo para proceder a azuzarla diciendo que la evaluación tenía fines de despido y que, aunque no se haya realizado nunca, ya tiene antecedentes de corrupción); y —la última, la desesperada— que negar la confianza a Zavala es por el caso Lava Jato. Ah, y que, ojo, este Congreso no es tan obstruccionista porque Vizcarra renunció, a Thorne solo se le negó la confianza que él pidió y a Basombrío —¡qué responsables!— no se le censuró. Y así, por supuesto, Becerril y el resto de la Mototaxi son una suerte de guardianes del bien público.

DOS. La inutilidad política del gobierno radica en actuar tarde y cuando el daño ya está hecho. ¡Ojalá PPK y su gabinete reaccionaran siempre tan rápido como lo hicieron con la última huelga en Las Bambas! ¿No se enteraron de ella? ¿Saben por qué? Porque al toque declararon estado de emergencia, establecieron mesas de diálogo y llegaron a acuerdos. Pero cuando no se trata de una enorme mina de cobre, el gobierno reacciona como si se hubiera metido tres alprazolams y un troncho. A los maestros los dejaron sin piso cuando ya se habían sumado todas las regiones a la huelga y se habían perdido varios días de clase. Y con el fujimorismo, recién respondieron con cuatro ministros menos (ahora todo un gabinete menos). En ambos casos, hacía rato que todos ya sabían las intenciones políticas del contrincante, pero PPK solo atinaba a pedir por favor —vía mensaje a la nación— que no le hicieran tanto problema. Y, en el caso de los maestros, a provocarlos inútilmente llamándolos terroristas a través de su ministro del Interior.

TRES. Unas breves líneas para Kenji, quizás quien ha elegido mejor sus movimientos en este tablero. Pero no hay que perder de vista que el nuevo showman Fujimori está jugando su propio partido. Y que hoy sus intereses pueden alinearse con los del gobierno, pero luego puede que ya no. Y, entonces, nadie debería sorprenderse ni indignarse.


Etiquetas: , , , , , , , , ,