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Opinión


4 Abril, 2018.

Nunca te olvides de Lucanamarca

Indignante que congresistas como Rogelio Tucto del Frente Amplio opinen a favor del indulto al genocida Abimael Guzmán bajo el pretexto de una “verdadera reconciliación”. ¿Reconciliación con quién? ¿Con el asesino que sigue sin tener un ápice de arrepentimiento por las miles de viudas y huérfanos?

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Aún no nos sacudimos de la irremediable renuncia de PPK y de la toma de mando del flamante presidente Martín Vizcarra, a quien sinceramente deseo éxito –así como a su gabinete–. Vizcarra y su gabinete no la tendrán fácil después del legado político y moral dejado por su antecesor, pero la vida siempre es un reto: volver a encaminar al país por la senda del desarrollo e iniciar una verdadera lucha frontal contra la corrupción son las mayores tareas de esta gestión que recién inicia.

Sin embargo, la vorágine política por la que estamos pasando no puede ser excusa para dejar de recordar una fecha aciaga para nuestro país. El 3 de abril se conmemoran  treinta y cinco años del asesinato inmisericorde de 65 campesinos –dieciocho de los cuales eran niños– en el distrito ayacuchano de Santiago de Lucanamarca, por parte de un contingente del sanguinario grupo terrorista Sendero Luminoso.

El aniquilamiento fue digno de salvajes: niños quemados con agua hervida hasta fallecer, mujeres y hombres despedazados con cuchillos, hachas y picos, etc. Se trató de actos de barbarie realizados para lograr una pseudorevolución social basada en una lucha armada que durante una década cobro miles de vidas inocentes.

De acuerdo con una entrevista publicada en El Diario –periódico de conocida filiación senderista– sobre lo sucedido aquel 3 de abril de 1983 el mismo Abimael Guzmán señaló textualmente: “Frente a acciones militares reaccionarias respondimos con una acción devastadora: Lucanamarca […] Lo principal es que les asestamos un golpe devastador; los detuvimos y entendieron que estaban tratando con un tipo diferente de luchadores sociales”. Efectivamente, era un tipo diferente… pero no de luchadores sociales sino de fanáticos asesinos incapaces de sentir empatía alguna por gente humilde e indefensa, cuyos deudos seguirán sin entender por qué tanta insania y ensañamiento si supuestamente se buscaba la justicia social.

Por ello, es preocupante e indignante que congresistas como Rogelio Tucto del Frente Amplio opinen a favor del indulto al genocida Abimael Guzmán bajo el pretexto de llegar a una “verdadera reconciliación”. ¿Reconciliación con quién? ¿Con el asesino que sigue sin tener un ápice de arrepentimiento por las miles de viudas y huérfanos que causó su infame ideología?

Ha quedado claro que el camarada Tucto y sus secuaces son lobos con piel de oveja. Por eso, amigo lector: cada vez que los escuches hablar recuerda lo que fue Sendero Luminoso y su estela de dolor y sangre. Y nunca, nunca, te olvides de Lucanamarca.

P.S.: Mis sentidas condolencias a los deudos de Efraín Trelles. Te extrañaremos, Cholo.


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