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Opinión


17 Abril, 2018.

Nuevo amanecer

Mejora aprobación ciudadana a los tres poderes públicos. Que no la desperdicien.

César Campos

| Columnista

La calle lo dice y se siente en cualquier conversación familiar o de amigos: la confianza ha retornado al espíritu de la gran mayoría de peruanos luego del relevo presidencial que determinó el empoderamiento de Martín Vizcarra Cornejo en la primera magistratura del país.

Este ánimo es reflejado por la última encuesta nacional-urbana de Ipsos Perú que otorga al gobierno de Vizcarra un respaldo de 57 por ciento, frente a un 13 por ciento que lo desaprueba. Imagino en cuáles sectores calza esta última postura: parte del electorado fujimorista, alguna porción de ciudadanos del sur desafectos al expresidente regional de Moquegua y radicales nihilistas abanderados del “que se vayan todos”.

Sin embargo, no debe perderse de vista que hay 30 por ciento de consultados indiferentes a emitir un juicio de valor positivo o negativo sobre la nueva administración. Pasos en falso de la misma puede extraer de ese grupo expresiones de rechazo sólidos y activos. Sería bueno preocuparse de examinar dónde se gesta ese “no sabe/no opina”.

El nuevo Gabinete también inicia tareas con buen pie al recibir el 48 por ciento de aprobación, aunque en la calificación un 33 por ciento lo considera “desconocido”. Este concepto es irrelevante porque las personalidades en el Ejecutivo no se eligen por concurso de popularidad. El apoyo lo ganan en el camino y no necesariamente por prácticas populistas de fácil aplauso. Mientras el trabajo intenso, la sensatez y el orden sean su aureola, deben darse por satisfechos.

Así mismo destaca en la encuesta el incremento del respaldo al Congreso que pasa de 14 a 25 por ciento en el lapso de un mes, mientras que el Poder Judicial lo hace desde 20 a 27 por ciento. Quizás su aporte a la transición constitucional de Pedro Pablo Kuczynski a Vizcarra – expresado en una conducta colectiva firme pero prudente – haya contribuido en algo a esa mejora. Pero no cabe duda de que ambos poderes públicos se benefician del efecto “arrastre” de la buena onda ciudadana hacia el nuevo gobierno.

El desafío ahora es que las tres instancias superiores del Estado peruano sepan aprovechar su buen momento. Las lunas de miel son efímeras. Hay que reinventarse a diario, eludir las decisiones torpes e indignantes (como la exculpación de Yesenia Ponce en la Comisión de Ética) y hacer más efectiva la predictibilidad de la justicia. Mucho camino por andar luego de dibujarse en el horizonte político peruano este nuevo amanecer.


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