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Opinión


23 Septiembre, 2017.

Nuestra Señora de La Merced y el hereje

Vale recordar el pequeño incidente que protagonizó el vicealmirante Guise, uno de sus más fieles devotos, luego haber muerto defendiendo la soberanía nacional en el extranjero.

Michel Laguerre Kleimann

| Columnista invitado

Ahora que entramos al mes de la Patrona de las Fuerzas Armadas del Perú, vale recordar el pequeño incidente que uno de sus devotos protagonizó a los pocos meses de haber muerto defendiendo la soberanía nacional en el extranjero. Me refiero al vicealmirante Martín Jorge Guise, quien falleció en la ría de Guayaquil en noviembre de 1828.

De origen británico, se asentó profesional y familiarmente en Lima, donde en 1827 se casó con Juana del Valle y de la Riestra (Valle-Riestra). Sin embargo, a pesar de este matrimonio católico, a inicios de 1829 algunos personajes tildaron al vicealmirante de hereje o de excomulgado por su supuesta fe anglicana (lo que normalmente solía ocurrir por aquellos años) y exhortaron “a los gobiernos secular y eclesiástico para que prohíban se hagan semejantes exequias contrarias a los sagrados cánones” en la catedral de Lima. Y en la respuesta que su viuda publicó, menciona que Guise “nació bajo un gobierno protestante, más luego que su razón despertó cumplidamente adhirió a los dogmas católicos, sin manifestarlo por motivos políticos, como lo aseguraba él mismo”.

Además, se basó en lo incongruente que hubiere sido que la licencia de su matrimonio haya sido expedida por el eclesiástico Carlos Pedemonte, “que gobernaba por entonces el Arzobispado” (noviembre de 1826 a noviembre de 1827), si no se tuviese la certeza de la fe católica, apostólica y romana de Guise.

Y varios aspectos de la intimidad del hogar revelan lo cierto de la fe católica de Guise. Juana, por ejemplo, afirmó que “lo primero que procuró en su casa luego que contrajo matrimonio, fue habilitar el oratorio de todo lo preciso para celebrar misa”. Dispuso, además, se celebrase en su oratorio una novena a la Virgen Nuestra Señora de La Merced “con toda solemnidad y decencia, y al que asistió devotamente, como podrá atestiguarlo su capellán”. Este fue el padre fray Antonio Carmier de la orden franciscana, quien por enfermedad fue relevado por el padre fray Manuel Reyes de la orden de San Agustín. Ya en 1828 no pudo realizarla de nuevo, puesto que se encontraba en campaña contra Bolívar.

Siguiendo lo dicho por su viuda, Guise procuró llevar a bordo de su buque a un capellán para que celebrase la misa. Incluso aseguró que quienes reconocieran su cadáver a bordo “le encontrarían al cuello un rosario, y el escapulario del Carmen, que siempre cargó, y entre los pocos libros de su camarote habrán encontrado uno de Ejercicio Cotidiano y otro de oraciones muy devotas al Señor y a la Santísima Virgen”.

P.D.: El nombre completo de La Merced es “Convento Grande de San Miguel de Lima del Real y Militar Orden de Nuestra Señora de La Merced, Redención de Cautivos, de la Provincia Mercedaria de la Natividad de Nuestra Señora”.


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