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PPK: cinco meses después

PPK: cinco meses después

¿Cuánto más va a aguantar en el cargo, con un extintor entre las manos, el primer ministro?

Apenas transcurrido el 8% de su mandato constitucional, la actual administración de gobierno viene delatando que su mayor debilidad, hasta ahora, es esencial y dramáticamente política. Una carencia flagrante no atribuible, a estas alturas, solo a su condición de minoría parlamentaria sino —y sobre todo— a su incapacidad para organizar el ejercicio del poder que le fue conferido a través de las urnas en la segunda vuelta electoral.

Desde el temprano caso Moreno o Negociazo, la sensación de que el régimen pepekausa anda políticamente desbrujulado ha ido en aumento. La sostenida caída en la aprobación presidencial en la última serie de encuestas da cuenta de esa marcha a la deriva.

En ese sentido, el episodio más elocuente de tal desconcierto político oficialista fue la censura a Jaime Saavedra. Presidente, bancada y gabinete se exhibieron descomunalmente desalineados antes, durante y después de la caída del exministro de Educación. Y el problema, para empezar, no ha sido ni es de disputas entre primeros violines en Peruanos Por el Kambio sino de la primera flauta gubernamental.

Porque si PPK, tras la derrota cantada en el hemiciclo y en aras de calmar aguas, aceptó hasta el trago amargo de concurrir a un diálogo con la lideresa de Fuerza Popular (como hemos visto, más por iniciativa cardenalicia que presidencial), resulta inverosímil que a la vuelta de la capilla haya lanzado la idea de que su gobierno no se dejará “pisar por la mayoría” en el Congreso.

En realidad, la asistencia de todas las fuerzas políticas a la reciente cita del Acuerdo Nacional lo ha salvado del estropicio político que, en otras circunstancias, habría provocado la frase de marras y a la que, por cierto, no le han faltado apurados intérpretes. La aparición de traductores es otro síntoma inequívoco de que algo anda mal en el centro mismo de la política en el poder.

Por la misma ruta de desfiladero ha discurrido la idea presidencial de que no todo lo que Odebrecht hizo en el Perú es corrupto. Su premier Zavala ya puso el parche anunciando que esta empresa no participará en nuevas licitaciones. El reiterado contrapunto instala la pregunta sobre cuánto más va aguantar en el cargo el primer ministro con un extintor entre las manos.

Cinco meses después, PPK debe entender que hablar desde el primer cargo político del país no es un asunto que se expía echándole la culpa a su humor inglés, rematado con risotadas que emulan al Big Ben.



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