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Lóbrego Año Nuevo para la peruanidad
Foto: Semana.com

Lóbrego Año Nuevo para la peruanidad

Y por favor no rajen del año que se va: todo indica que el que viene será peor aún.

Se va, sin que lo apuren, un año extenuante que pocos recordaremos con aprecio. Un año marcado por una interminable campaña electoral, año lleno de vuelcos y giros que nadie esperaba. Un año irrepetible… o quizás no.

Se va un año en que, pese a todo su agitado torrente electoral, alcanzó para percibir hacia setiembre la esperanza de que el control político funcionaría en base a una adecuada interacción entre un Congreso con abrumadora mayoría fujimorista y un Ejecutivo con abrumadora expectativa, puesta en un gabinete que se autoproclamó de lujo.

Se va un año con demasiados aspectos negativos al que, sin embargo, nadie en ejercicio de prudencia se atreve a llamar año malo porque respiramos, ay, la virtual certidumbre de que el 2017 será un año peor: un año de sismos políticos de incalculable intensidad y epicentros múltiples.

Por momentos uno siente que casi cada observación termina ahondando una sensación lóbrega que impide respirar con tranquilidad, y contribuyen a este agobio varios factores:

La situación desencadenada a raíz de los destapes de Odebrecht. La sospecha de estar ante una situación de corrupción generalizada donde la embarrada va de capitán a paje. La incomprensible actitud del presidente Pedro Pablo, quien por momentos da la sensación de andar preocupado por defender a Odebrecht antes que ganoso por impulsar las investigaciones. La tibia finta de Zavala anunciando que Odebrecht no podrá participar de futuros licitaciones. Ya…

Y, por cierto, son muchas más las fuentes de agobio. Indigna por ejemplo ver al exministro humalista Figallo —como si no hubiera mentido ya lo suficiente— pasearse por canales asegurando que nunca actuó como oficioso defensor de Odebrecht, como si no hubiéramos escuchado el audio en el que le advierte a la ex procuradora Vilcatoma que Odebrecht sacaba y ponía presidentes.

No sé ustedes, pero a mí me cuesta aguantar. Y ya empiezan los festejos, ya suenan los cohetecillos, ya se vislumbra el pica y pica y pronto sonará la música invitando al baile.

Permítanme cerrar recordando los versos de una estupenda canción del grupo Niche entonable a partir del primero de enero. ”Si el año pasado tuvimos problemas/ quizá este año tengamos más/ pero no se apuren que la Navidad/ a la vuelta´e la esquina está”... Se aplica, ¿verdad?



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