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¡Es el gen peruano aunque no sea bendito!
Foto: Vía Perú.com

¡Es el gen peruano aunque no sea bendito!

¿Es que nacimos buenos pero la necesidad y el entorno nos corrompen?

¿El peruano nace bueno pero la necesidad y el entorno lo corrompen, o es que nacimos con el coima-gen y es parte de nuestra sagrada esencia? ¿Qué hubiera pensado Rousseau de haber vivido entre nosotros? Quizás se hubiera pasado la vida tratando inútilmente de descifrarnos.

La corrupción es el problema estelar del 2016: ganó por galope a la inseguridad y a otras miserias que nos acompañan desde que tengo memoria. Parecería que no hay estrategia que la doblegue, ha resultado imbatible. Y resulta difícil aceptar que todos tenemos un grado de culpa y que el origen está en nuestra permisividad, en el convencimiento de que quebrar un poquito la ley no es tan grave ni tiene consecuencias. Es hora que reaccionemos. ¡Todo tiene consecuencias!

Y el ejemplo más reciente y emblemático de este "gen peruano" viene de nuestro presidente y sus recordadas declaraciones:

"[…] Queremos que Puno sea próspero. A mí, francamente, no me preocupa que haya un poquito de contrabando; a quién le importa eso..."

Las soluciones empiezan por aceptar que todos somos responsables en alguna medida. Tenemos que eliminar de nuestro lenguaje las excusas y justificaciones:

"No le hace daño a nadie"."Es una ley exagerada para nuestra realidad; se fueron al otro extremo". "Es muy costoso cumplir con estos estándares; son propios de un país desarrollado". "No hay que preocuparse; no tienen capacidad de fiscalización". Y así por el estilo: una interminable enumeración.

Y es que la creatividad e imaginación para evadir culpa es una de nuestras grandes especialidades.

¿Quién es más corrupto? ¿El informal que no paga impuestos y trabaja casi clandestinamente? ¿El criminal de cuello blanco? ¿El funcionario que comete cohecho impropio? ¿O el conductor que se niega a pagar un peaje? Coincidimos en que no son faltas/delitos equiparables pero tienen en común la fractura de la institucionalidad y de la ley. Cuando hay una situación desbordada todo —absolutamente todo— incumplimiento de las reglas sociales debe ser condenado. Lo haces una vez y lo haces siempre. Es el cruce del Rubicón; no hay vuelta atrás.

Nuestros gobernantes y autoridades son los llamados a liderar el cambio, pero todos tenemos que asumir responsabilidad. Recordemos que el Perú no es solo el territorio en el que nacimos accidentalmente o una fuente temporal de riqueza; es nuestro país y cada día construimos (¿o destruimos?) el legado que queremos para nuestros hijos y futuras generaciones.

Los invito a revisar la historia de Singapur, un ejemplo de que sí se pueden cambiar las estructuras de una sociedad... aunque sea una obra titánica.



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