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En la trituradora de carne
Foto: RPP

En la trituradora de carne

Alfredo Thorne ya fue utilizado, ya fue zarandeado, ya reconoció su error y el oficialismo no lo deja renunciar, solo para seguir utilizándolo.

Conozco a Alfredo Thorne. Lamento las horas que vive y recuerdo que hace casi un año se despidió en su Facebook para asumir la cartera de Economía. "Suerte y cuidado con la trituradora de carne", comenté. La trituradora ha podido más.

Alfredo reveló temprano las consecuencias poco positivas de su carácter desprevenido cuando echó en campo a (la todavía aliada) Nadine Heredia como la tomadora de decisiones y lo hizo poniendo al exministro Segura como fuente de semejante usurpación, que hoy se ventila en otros fueros.

Fue la primera señal. Sobre el carácter técnico de su conducción de la economía no abundo. Sé que estamos mal pero no consta que Alfredo sea el culpable. Pero así como dicen que es un gran técnico, deben saber que en anteriores empleos Alfredo fue conocido por no aguantar pulgas. Y mes tras mes Alfredo tuvo que esquivar las cáscaras de plátano que a veces le tiraban de su propia esquina en la esperanza de verlo resbalar.

Gente que lo conoce se preguntaba con toda razón cómo hace para aguantar. En el mundo de cinismo al que la corrupción nos conduce la respuesta más fácil a semejante interrogante puede ir por el lado de la ambición política. Ahora entiendo que con Alfredo no fue así.

Alfredo se encuentra en la incómoda posición por otra causa. De puro leal aceptó una misión que nunca le debió ser encomendada y ahora se ve forzado a negar: convencer al pícaro contralor, con los fondos públicos como argumento. Es un error que ha demorado en reconocer.

No cualquier día se tiene un ministro con tan buena trayectoria y que empieza su defensa argumentando su decencia y dignidad. Es aquí que el análisis se retuerce. Los blasones con los cuales Alfredo justificadamente se arropa indican a las claras que la renuncia es la mejor manera de asumir la responsabilidad y salvaguardar la figura presidencial.

¿Entonces por qué Alfredo no renuncia? Por lo mismo, por puro leal. Porque no lo dejan. Y eso es lo que me da cólera, amables lectores. Porque resulta penoso ver la manera en la que el presidente ha utilizado a Alfredo, al enviarlo donde el contralor, y la manera en la que lo sigue utilizando con el fin de evitar su renuncia y forzar una censura, con la que el oficialismo pretende villanizar al Congreso y ganarse alguito.

¿Qué importa que la figura de Alfredo sea zarandeada bastante más todavía, qué importa que la trituradora sea insaciable? Así estamos.



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