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Reaccione, señor presidente
Toledo en la Interoceánica (Foto: Perú Posible)

Reaccione, señor presidente

Los peruanos queremos una actitud firme ante la corrupción en general, no ante Odebrecht en particular.

Ojalá estuviéramos aún en el tiempo apacible de antaño, cuando las fiestas se prolongaban hasta la llegada de los Reyes Magos y pudiéramos en consecuencia respirar todavía algunos días de relativa tranquilidad. Pero no es así: vivimos la luctuosa modernidad del siglo XXI y se desvanece rápido cualquier ilusión de tregua estacional, calma chicha o resaca distendida.

Resulta sobrecogedor este tránsito súbito a una cotidianeidad indeseada y cargada de temas candentes cuyos efectos no podrán ser postergados por ninguna noche de paz, ninguna ráfaga de cohetecillos. Pasaron las fiestas y su maquillaje. Toca aceptar nuestra realidad y confrontarla.

Los peruanos empezamos el 2017 con la sensación de haber sido robados por años. Pero, adicionalmente, corremos el riesgo de terminar convenciéndonos de que resuelto el tema Odebrecht queda resuelto el problema de la corrupción.

No es así: hay otras constructoras, brasileras, españolas o de cualquier nacionalidad que también han incurrido en esa modalidad. Y también hay empresas nacionales que han trabajado junto a ellas. Incluso hay procesos abiertos que duermen el sueño de los justos.

Cómo estaremos de distraídos con tanto pavo y pica pica que el presidente se ha dado el lujo de decir que están evaluando la posibilidad de entablar un juicio a Odebrecht. Y añade que hay que pensarlo bien porque si después resulta que las acusaciones son falsas ellos nos pueden demandar.

Para empezar los peruanos queremos una actitud firme ante la corrupción en general, no ante Odebrecht en particular. Eso es lo que se le reclama al presidente en todos los tonos. Va a ser muy difícil sostener la gobernabilidad con un liderazgo tan blando, tan poco apropiado para la intensidad del momento. Ni ver la aprobación presidencial en caída libre parece haber despertado al actual inquilino de Palacio.

No faltan defensores que argumentan a su favor aduciendo que Alejandro Toledo estaba por debajo a estas alturas. Pero Toledo tenía un poderoso as bajo la manga: reconocer a Zaraí y revertir la tendencia de una. La soledad de Pedro Pablo es solamente comparable a la endeblez de sus operadores.

Pondré solo un ejemplo: ¿se acuerdan de la poderosa ministra de Justicia que encaraba al médico Moreno (al que hoy nadie osa incomodar) argumentando que era muy fácil separar a los gorgojos?

Hasta la procuradora Julia Príncipe, su subordinada, ha tenido que decir que se encuentra decepcionada por la actitud del presidente. Si así estamos antes de Reyes, ¿a dónde habremos llegado para los carnavales?



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