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Ramiro Prialé: maestro de la docencia y decencia política
Foto: Vía Con El Ojo Izquierdo

Ramiro Prialé: maestro de la docencia y decencia política

Un bosquejo de su legado palpitante y vigente

Hoy 6 de enero celebramos un aniversario más del nacimiento de Don Ramiro Prialé, el gran maestro de la docencia y de la decencia política en el Perú durante el siglo XX.  Un hombre providencial que Víctor Raúl Haya de la Torre halló para la construcción del Partido Aprista Peruano.

Su gran organización partidaria se debe a él en gran parte. Fue Prialé quien diseñó la estructura del Apra, contra la que no pudieron decenios de años de calumnia y de sangrientas persecuciones políticas que solo la consolidaron, a punto de que el mismo pueblo acuñara la frase: “El Apra nunca muere”. Pero más importante que la organización partidaria, está el ejemplo de haber convertido la política en una actividad básicamente docente y decente.

Durante muchos años, Ramiro Prialé fue considerado como uno de los hombres políticamente más poderosos del país que, sin embargo, seguía movilizándose en ómnibus y tranvía para dictar sus clases. Fue maestro por profesión, por vocación y por designio divino; e hizo de la política la proyección de la actividad docente que realizaba en las aulas colegiales. Jamás perdía ocasión para aclarar conceptos y situaciones ante sus alumnos, ante el Partido Aprista y ante todo el Perú.

El alma de su actividad política fue la docencia y no los mezquinos cálculos personales: tuvo que afrontar calumnias y persecuciones, pero nunca cayó en ambigüedades ni en situaciones viscosas como las actuales.

En suma, el gran legado de Ramiro —organización partidaria, docencia y decencia política— hizo realidad al gran sueño juvenil de Haya de la Torre de construir no un nuevo partido político, sino un auténtico "partido-escuela". Ahora, cuando la realidad se ha modificado substancialmente no puede darse "ni calco ni copia": la auténtica reconstrucción del aprismo, en el ámbito ideológico y organizativo, debe hacerse dentro del genuino espíritu de Haya de la Torre, de la experiencia exitosa de Ramiro Prialé y de todos los patriarcas que lo acompañaron.

Compañero Ramiro, tu obra no ha concluido: ¡ilumínanos para continuarla!



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