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La nostalgia humalista
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La nostalgia humalista

Ollanta y Nadine son los que extrañan un poder que no supieron detentar.

Veamos: se conocía que la audacia especialmente la de Nadine Heredia, Mario Vargas Llosa, Teófilo Gamarra y Santiago Gastañaduí, aparte de un minúsculo grupo de adeptos— en caracterizar el gobierno de Ollanta Humala como el mejor de la historia peruana comandaba este increíble disparate. Sin embargo, no supimos sino hasta ayer que la ironía también formaba parte del mismo libreto y Humala se ha encargado de corroborarlo sosteniendo que más temprano que tarde, el pueblo extrañará su administración.

En política no hay muertos. Esa es una verdad universal y en el Perú, el retorno de Alan García al gobierno el 2006 (luego del desastre 1985-1990) es el ejemplo más recurrido. Pero en la política sí hay indicadores de capacidades (especialmente la autocrítica), liderazgos, fórmulas de aproximación a núcleos sociales definidos y hasta de lealtades. 

En todos ellos la ex pareja presidencial pierde por goleada, sobre todo en lo que se refiere a la notable virtud de la fidelidad a los amigos y compañeros de ruta. Si no que hablen los ex vicepresidentes Marisol Espinoza y Omar Chehade, o Daniel Abugattás, César Villanueva, Milton Von Hesse, Daniel Urresti y una larga fila de etcétera.

Las cosas son al revés: Nadine y Ollanta son quienes extrañan el poder. Un poder que no supieron detentar con sus odios, bajezas y mediocridades. Extrañan la captación de recursos económicos, dizque para las campañas electorales. Extrañan dar luz verde. Extrañan copar los mandos militares.

Extrañan seguir sosteniendo que la inseguridad ciudadana es pura percepción. Extrañan botar de la administración pública a gente honorable como Julia Príncipe. Extrañan a sus cargadores de maleta como Pedro Cateriano y Alonso Segura.

Sin duda, la nostalgia humalista es mucho más grande que la de quienes podrán extrañarlos.



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