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El caso Moreno
Foto: El Comercio

El caso Moreno

Para muchos es una maravilla vivir en un país donde reina la impunidad.

Gracias a la impunidad, mucha gente siente no que nació en el Perú sino en su chacra; que puede hacer lo que le da la gana en el país, que aquí la vida es más sencilla porque todo o prácticamente todo se puede arreglar. Todo es negociable, al margen de los límites instituidos. Si no es con relaciones, es con plata. Si no es con plata, es con poder. Si no es con poder, es con un atrevimiento y una audacia mal entendidos.

Se le dijo al país que el médico de los audios que quiso involucrar a la Iglesia en un negociado en el sector Salud, Carlos Moreno (el mismo que era asesor de PPK y que despachaba a escasos 30 metros de él; quien acordó asegurarse incluso ganancias hasta para su familia), no iba más en el hospital Loayza.

¿Y qué pasó? Que ahora se nos dice que en realidad estuvo de vacaciones, que ya volvió, y lo hace con fotos y declaraciones en las que aparece como un santo proveedor de la salud a pacientes necesitados y hasta mal atendidos. No es que no tenga derecho a trabajar; no se trata de que sea un buen o mal especialista. Es que existe la sensación de que lo que impera es la mezcla de impunidad y complicidad para que algunas personas actúen como se dé la gana desde las oficinas y arcas del Estado.

Para eso siempre habrá leyes susceptibles de ser evocadas, procesos eventuales de amparo, derechos de propiedad sobre máquinas de salud, para que sean utilizados a favor de la impunidad. Y claro, si se protesta a uno le cae encima el argumento jurídico de que no hay condena, de que una conversación no es un delito, de que habían contratos ya existentes que protegen al involucrado, que nunca se concretó la trama, que la constitución regula el derecho al trabajo... que no “molestemos con idioteces”.

Y pienso obviamente en la Comisión de integridad, en el discurso televisivo de PPK sobre ese tema, en el escándalo suscitado hace unos meses, y también en la mirada indignada de un sector del país que está cansado de tanta flagrancia a vista y paciencia de todo el mundo.

Si el doctor Moreno quiere trabajar, que lo haga en un consultorio privado o desde una clínica particular. Nadie se va a meter con él si lo hace así.

Pero es una vergüenza que la gente que se atiende en gastroenterología del hospital Loayza llegue luego a su casa a contar a toda su familia y amistades que fueron recibidos por el exasesor de PPK, el mismo que negociaba con la salud, ese que fue ampayado asaltando al Estado. El mismo que seguramente pretenderá luego darnos clases de moral, de ética y hasta de salud mental.



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