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Caviares contra provincianos
Imagen: Vía Blog Catarsis y Harakiri

Caviares contra provincianos

Comisión Lava Jato pone al fresco divisiones de la izquierda: ¿quién conecta mejor con las grandes mayorías populares?

Se ha instalado ayer en el Congreso la Comisión Investigadora del caso Lava Jato y fue elegido como su presidente Víctor Albrecht de Fuerza Popular. Este hecho ha servido para poner una vez más en evidencia la división que existe en la izquierda representada por la bancada del Frente Amplio. Votó a favor de Albrecht el congresista Jorge Castro, miembro de la comisión y que apenas unas horas antes había sostenido que los partidarios de Verónika Mendoza tenían una visión "caviar" de la izquierda, a contrapelo de aquellos que, como él y los que se quedaron con Marco Arana, tienen una posición más provinciana en el sentido suponemos— de mayor arraigo con los intereses del "Perú profundo".

La respuesta de los aludidos no se ha hecho esperar y han sido las congresistas Glave y Huilca quienes, a través del Twitter, han rechazado el voto de Castro a favor de Albrecht. Independientemente de las razones específicas que aluden las susodichas (que Albrecht no garantiza neutralidad), de lo que se trata aquí es de una contestación política a la división de la cancha hecha por Castro.

Es decir, Glave y Huilca en representación de Mendoza también dividen la cancha pero desde una perspectiva ética de buenos contra malos. Los "buenos", por supuesto, son los que no votan por el candidato de Fuerza Popular para presidir la Comisión Lava Jato. Los "malos" son los que como Castro de las filas de Arana votan a favor del presidente propuesto por los fujimoristas.

De más está decir que la posición de Glave y Huilca corresponde a la típica visión que Castro definiría como caviar, a saber: hacer política desde una pretendida superioridad moral que divide el mundo en blanco o negro. Ellas estarían, entonces, confirmando su tesis. Y tampoco es que a los partidarios de Mendoza les moleste ese reduccionismo moral que es muy cómodo para calificar a los aliados y descalificar a los enemigos.

Pero el problema aquí, tal como parece entenderlo el congresista Castro (y el propio Arana), es que la moral que esgrimen los que él denomina "caviares" no es la misma que la de la gente común y corriente y, por lo tanto, no sintoniza con la mayoría, sobre todo con aquel importante sector de peruanos que vive en provincias. Y no le falta razón: ¿qué le puede importar a un minero del socavón el matrimonio gay? ¿Y a un campesino el "ellos" y "ellas"?

El hecho es que a nivel mundial la izquierda postmarxista ha suscrito una agenda de minorías que tiene una amplia acogida en las élites liberales y cosmopolitas, pero que es rechazada por lo que alguna vez se conoció como "las grandes mayorías populares" (a las que se suponía representaba la agenda de izquierda: toda una paradoja, sin duda).

Queda por ver si la visión de la izquierda alternativa que proponen Castro y Arana tiene futuro popular. A la luz de sus propias experiencias electorales para el actual Congreso, parece que eso también está en veremos.



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