Menu

A la carta

Los políticos hablan de comida

Costanera de sabor
"Fusión nikkei" Imágenes: Costanera 700

Costanera de sabor

Donde una cucharadita de mantequilla clarificada y una tierna chita cocida a la sal pueden llevarte al paraíso.

La llave al paraíso puede tener la forma de una cucharadita de mantequilla clarificada, aunque no siempre. Pero si llega acompañando a una tierna chita cocida a la sal, sus posibilidades aumentan. Eso es más o menos lo que le puede ocurrir en Costanera 700, un clásico ubicado en pleno malecón miraflorino que trae de vuelta y media a nuestros políticos desde hace más de tres décadas.

Image title

Para sus fieles comensales poco queda del simpático comedero de San Miguel, en plena avenida Costanera —de ahí su nombre—, al que concurrían dignatarios como Fernando Belaunde, el primer Alan García y —el más entusiasta del grupo— Alberto Fujimori. Precisamente célebre fue una encerrona que protagonizó el Chino junto al mandatario ecuatoriano Abdalá Bucaram, entre tiraditos y saltados, para digerir asuntos de Estado. Y de ahí en adelante llevaría a todos los mandatarios que caían por Lima, como José María Aznar, entre otros.

Image title

Quien también era caserito por entonces era el Doc, Vladimiro Montesinos, que aún debe añorar los legendarios camarones de don Humberto Sato —su propietario— desde su retiro forzado en la Base Naval del Callao.

Y es que aquí siguen llegando políticos en busca de consenso, famosos atraídos desde distintas latitudes por los orígenes de la sazón nikkei, y es común encontrar entre sus reservados a empresarios de toda laya maridando algún business.

Image title

Empiezo contándoles que llegué sofocada y que el chilcano que me dio la bienvenida con las justas pasaba del promedio. Es sabido que la coctelería del local es asunto aún por mejorar y parece que el proceso está demorando más de la cuenta. Sea clásico o "de maracuyá", a estos chilcanos les falta sabor a pisco y les sobra el ginger ale. Y como tampoco llegan abrebocas o algún piqueo a manera de bienvenida —como sí estilan ahora otros locales de categoría en Lima—, no me quedó otra que sacarle el jugo a la carta.

Image title

Así llegaron un tiradito Costanera —finos cortes de lenguado en salsa de soya y limón— y un tiradito clásico —con solo jugo de limón y gotas de aceite de ajonjolí— que, sé de buena fuente, pone a cantar al Cabezón Gonzales Posada, a Mauricio Mulder, a Enrique Cornejo y otros compañeros de la estrella aprista cada vez que aterrizan por aquí. A ello le sumé un favorito de Lourdes Flores: conchitas a la parmesana, que llegan tiernas y con el queso apenas fundido, además de jugosas.

Image title

Dado este primer paso, había que adentrarse en suculencias mayores. Hice como Rafael Rey y el pepecista Raúl Castro Stagnaro, a quienes he visto sucumbir ante una causa de mero murique —en el que la papa sirve de base para que repose el pescado bien escabechado—, delicioso, aunque extrañé algunas gotas de limón en la masa. Luego me animé por un filete de lenguado Costanera. Este llegó al vapor bañado en una salsa con toques de soya, aceite de ajonjolí y cubierto de cebolla china y kión. Una maravilla que se deshace en la boca y que solo tenía parangón en el hoy desaparecido Darío de Petit Thouars, en Miraflores.

Image title

Image title

Ahora sí me sentía preparada para el plato emblema de este restaurante: su chita a la sal. De preparación sencilla, alcanza cotas de excelencia cuando llega acompañada de mantequilla clarificada y una salsa de kión picado. Un platillo memorable que, a la vista, es un show en sí mismo pues el "tapadito" cubierto de sal flamea hasta la mesa.

Image title

Íbamos por buen camino pero, como tenía espíritus criollos a mi alrededor, estos abogaron por los favoritos de Ántero Flores-Aráoz y sus muchachos de Orden, como son el lomo saltado de la casa y el cochinillo al horno. El primero con el gusto a carne abrasada y sellada al wok y el segundo con trozos tiernos por dentro y crocantes por fuera.

Y como mi grupo era numeroso nos pedimos, ya para coronar, una paella con langosta. ¿Quién habló de excesos? 

Image title

Al final el dulce no podía estar ausente. En este punto Costanera tiene otra asignatura pendiente. Quise meter cuchara al tocino del cielo -muy bueno- y, también, flirtear con la chirimoya alegre que, y es una lástima, llegó más amarga que de costumbre. ¿El cointreau habrá estado algo pasado? Quién sabe...

Y del café, mejor me olvido.

El efecto "subibaja", cual montaña rusa —cócteles sin gracia, comida magnífica, postres solo cumplidores y un café aburrido—, es el signo distintivo de este buen restaurante que podría estar mucho mejor. Quizás por eso mismo nuestros políticos le son tan fieles... Volveré en un tiempo a ver si llegaron a tomar nota de estos pendientes.

Image title

Image title



Comentarios


 

Las más recientes

¿Y cuándo lavan la auriverde?

Por lo visto, entre los parámetros de la autodenominada "reserva moral" del país está también el de la indignación selectiva.

POR: Julio Guerrero

Le cortaron el bigote

Si los dos altos funcionarios de su gestión hubieran sido descubiertos durante esta, ¿Cornejo habría renunciado para asumir su responsabilidad política? De eso depende conocer hoy cuál es la idoneidad moral de Cornejo para el futuro.

POR: Ricardo Vásquez Kunze

La fiesta de la corrupción

La gente festeja por quienes caerán pero, en el fondo, está consciente de lo que eso significa para el Perú.

POR: Manuel Escorza Hoyle

¡Empezó el baile!

Desde los vladivideos no se vivía revelaciones semejantes: cuidado con repetir los errores de 2001 y con politizar la lucha anticorrupción.

POR: Efraín Trelles

Las viudas de Trump aquí y allá

Ahora toca ver al flamante presidente de EE. UU. en la cancha, donde las papas queman.

POR: Ricardo León Dueñas