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Opinión


15 Febrero, 2018.

¿Nos pondríamos voluntariamente en manos de asesinos?

Con el terrorismo no se debe pactar jamás. Jamás. Y mucho menos se le puede considerar candidato a nada.

Karina Calmet

| Columnista

Hace unos meses me dejó pasmada la imagen de Timochenko sosteniendo un bebé al lado del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. El contexto era teatral, no cabe duda, como lo ha venido siendo todo “el proceso de paz” del hermano país. Un proceso apoyado por varios líderes de opinión y artistas colombianos que, sin duda llevados por la mejor intención y el romanticismo, se sumaron a esta parafernalia de la impunidad entonando incluso un himno.

La poderosa imagen del exguerrillero, asesino y secuestrador con el pequeño en brazos estaba obviamente calculada y me puso la piel de gallina. Primero, porque no sé a qué clase de madre se le podría ocurrir poner en las manos manchadas de sangre de un terrorista a su propio bebé. Buscando un paralelo, sería como llevar a un niñito a una reunión de terroristas aún en la conciencia de que los están buscando.

Sin embargo, varios presidentes latinoamericanos (PPK incluido) se prestaron a participar vestidos de blanco en una puesta de escena millonaria y multitudinaria, que buscaba hacer creer al pueblo colombiano el cuento de la paz y la deposición de las armas por parte de la guerrilla. Hoy, gracias al efectismo lleno de palomas blancas el terrorista Rodrigo Londoño alias Timochenko pretende ser presidente de Colombia. ¿Arrepentimiento? ¿Paz? Las FARC siguen justificando sus pasadas acciones terroristas y el Ejército de Liberación Nacional cometió dos atentados que dejaron incomunicado el norte de Colombia.

Nos toca, entonces, analizar el proceso colombiano y convencernos de que con el terrorismo y sus amigos no se pacta jamás: mucho menos se le considera como candidato a nada. Nuestro país requiere un análisis más objetivo de lo que realmente necesitamos y mucho menos imprudencia disfrazada de buenas intenciones. Y, por supuesto, como electores también tenemos el deber de mirar más allá de las flores que ahora intentan venderse como símbolo de cambio. Lo más probable es que resulten verdaderas plantas carnívoras.


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