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Opinión


8 Febrero, 2018.

¿Nos conviene ahora una vacancia presidencial?

Siempre se puede estar peor (y en eso somos expertos).

¿Nos conviene ahora una vacancia presidencial? ¿Procede esta hoy?

A la primera pregunta habría que contestar que no. Los graves hechos de corrupción de los que se le acusa al mandatario no pueden servir para sustentar una vacancia. Conforme al artículo 117° de la Constitución, “el presidente de la república solo puede ser acusado, durante su período, por traición a la patria; por impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales; por disolver el Congreso, salvo en los casos previstos en el artículo 134 de la Constitución, y por impedir su reunión o funcionamiento, o los del Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos del sistema electoral”.

Nada de eso ha ocurrido. De hecho, el presidente —conforme a nuestra Carta Magna— es casi un inimputable. Diferente fue lo que ocurrió en diciembre del año pasado cuando el pedido de vacancia se sustentaba en la mentira sostenida en la que incurrió Kuczynski al negar reiteradas veces su participación en el tema Odebrecht: aquella vez se sostuvo que mentir y ocultar actos ilegales eran actos inmorales, suficientes para declarar la vacancia presidencial por incapacidad moral.

Pero el Congreso no aprobó aquella vez el pedido y PPK continuó en el cargo.

En cuanto a la segunda interrogante, considero que en estos momentos una vacancia no solucionaría la grave crisis por la que estamos pasando. Si bien el presidente está severamente debilitado y no cuenta con un partido sólido ni con una bancada medianamente cohesionada y menos aliados de peso, nada indica que su sucesor Martín Vizcarra sí obtenga ese respaldo o genere una cohesión suficiente para gobernar mejor que su antecesor. Sería más de lo mismo, con el agravante de una interrupción presidencial innecesaria y forzada que construiría un grave precedente. Futuros gobernantes estarían sujetos a la precariedad institucional mediante la que podrían ser vacados por incapaces, algo muy subjetivo y peligroso para la continuidad democrática de un país.

Hoy solo queda apoyar y sostener a un régimen que muchas veces pareciera no querer ayuda. ¡Menuda y sacrificada tarea que la historia nos ha puesto a los peruanos!

Por lo demás, el pedido de vacancia que hoy solicita la izquierda en sus dos facciones no persigue ningún intento de dotar de gobernabilidad a un régimen al que jamás apoyó. Se trata de un velado intento de conseguir su objetivo mayor —una nueva Constitución, como si ella fuese la madre de los problemas— y pescar a río revuelto en nuevas elecciones, en las que solo Dios sabe quién saldrá elegido. Recuerden: siempre se puede estar peor… y en eso somos expertos.


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