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Opinión


10 Octubre, 2017.

¡No a la bicameralidad!

Hoy la propuesta de bicameralidad es la efímera expresión de moda del antifujimorismo que parece haber acogido al converso Kenji; mañana será otra, no nos engañemos.

Emociones y afectos determinaron que por mucho tiempo fuera partidaria de la bicameralidad: hoy estoy absolutamente en contra de la reforma constitucional. Y, por lo demás, para que esta se de requiere de 87 votos, los mismos que está cantado no se conseguirán. Precedente clarísimo es aquel de 2013 cuando se aprobó en la Comisión de Constitución el retorno al sistema bicameral por cinco votos a favor y cuatro en contra, estos últimos todos de Fuerza 2011.

Algunas reflexiones:

UNO. Existen distintas circunstancias y actores, pero idénticos argumentos. Podrían haber sido más creativos para lograr convicción, pero seguramente piensan que no es necesario reinventar lo que ya existe. En efecto, no han cambiado un milímetro aquellos argumentos esgrimidos durante los últimos quince años y que se reducen básicamente a dos: (i) el Senado constituye una cámara mas reflexiva y garantiza una producción legislativa de mejor calidad; (ii) un Congreso bicameral no origina más gasto o burocracia. Sostienen que en  los sistemas unicamerales las leyes son observadas por el Ejecutivo con más frecuencia, determinándose un mayor costo de transacción, y que puede mantenerse el mismo número de parlamentarios divididos en las dos cámaras.

DOS. Si la única variación para ser candidato a senador o diputado es el requisito de edad mínima, tendremos más de lo mismo. Como ha sido comentado sarcásticamente, el Senado estaría compuesto por aquellos que ya tienen varios periodos como congresistas y quieren mantener privilegios y poder a un ritmo relajado y no necesariamente reflexivo y eficiente. ¿Nos imaginamos a los actuales parlamentarios, aspirantes a senadores, haciendo un examen cuidadoso y exhaustivo de proyectos de ley y exposiciones de motivo, o más bien siendo gualmente combativos  y mañosos como lo fueron en el sistema unicameral? El hábito no hace al monje; no hay ninguna certeza de que el Senado llegue a estar integrado por personas de altas calificaciones personales y profesionales salvo que se exijan otros requisitos —como la idoneidad académica—, lo cual conllevaría a hostiles protestas por supuesta discriminación y carencia de representatividad.

TRES. El Congreso está muy desprestigiado y aún así la bicameralidad no es el camino para recobrar su otrora lustre: se trata simplemente de un “paliativo mediático”, una distracción. Penosamente, la mayoría de congresistas son poco preparados; tienen agenda personal que prevalece sobre los intereses del país, escasa vocación de servicio y extremo deseo de conservar su puesto, aunque tengan que vender su alma al diablo. Son fiel reflejo de nuestro Perú, tolerante a la corrupción y con un 70% de avasalladora informalidad.

Hoy la propuesta de bicameralidad es la efímera expresión de moda del antifujimorismo que parece haber acogido al converso Kenji; mañana será otra, no nos engañemos.


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