toggle menu

Opinión


2 Noviembre, 2017.

No siempre la voz del pueblo es la voz de Dios

¿Cómo podemos exigir la muerte de un violador si no demostramos la capacidad de capturarlo, encarcelarlo y sentenciarlo?

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

En las últimas semanas ha vuelto a surgir el clamor popular para la aplicación de la pena de muerte: la ola de feminicidios y violaciones sexuales genera indignación, inseguridad y rechazo en la ciudadanía y ha provocado que incluso el ministro de Justicia pida la instauración de la pena capital como medida contra el flagelo social que estamos padeciendo.

Preguntémonos con seriedad: ¿es posible la aplicación de la pena de muerte en nuestro país?

En 1978 el Perú ratificó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que prohíbe la aplicación de la pena de muerte en los países donde no haya sido instaurada con anterioridad. Y los que hoy piden que nos retiremos de la Convención olvidan que la pena de muerte no está considerada en nuestra Constitución salvo en casos de traición a la patria, por lo que se tendría que modificar nuestra Carta Magna (lo cual podría tomar varios años).

Revisemos la ley respecto al delito de violación: la pena a imponerse es de 6 a 8 años y para lograr una sanción más severa se debería aplicar los agravantes que la ley exige; es decir, que la víctima sea menor de edad, que el acto sea realizado a mano armada, que el violador este al cuidado de la víctima, entre otras causales. Estos parámetros tienen que ser corregidos. Una violación de por sí ya es un agravante; la violación es violación así la victima sea menor o mayor de edad; por ello, vulnerar la dignidad de una mujer merece una pena más alta sin importar los requisitos antes señalados.

Lo que olvidan quienes buscan distraernos con el tema de la pena de muerte es que nuestra principal necesidad debe ser el tener una correcta logística para la aplicación de la justicia en el país. ¿Cómo podemos exigir la muerte de los violadores si no demostramos la capacidad de capturar, encarcelar y sentenciar a estos individuos? Si queremos cambios empecemos por ahí; son las acciones concretas y no las propuestas para la tribuna las que nos darán los resultados que esperamos.

La percepción de una sociedad que combate la delincuencia no está en la muerte sino en la defensa de la vida, con policías, fiscales y jueces que nos garanticen eficiencia y compromiso en su lucha por la justicia. Ojo: no siempre la voz del pueblo es la voz de Dios.


Etiquetas: , , , , , ,