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Opinión


12 Junio, 2018.

No perdamos la brújula

Lo peor que puede ocurrir es que marchas y contramarchas recientes en la aplicación de políticas públicas se asienten en la mentalidad de la gente como marca distintiva de esta gestión. Así no será posible gobernar.

Carlos Bruce

| Columnista invitado

La renuncia del ministro de Economía y Finanzas luego de contradicciones y desencuentros públicos con el premier –y hasta con el presidente– sobre temas sensibles es el resultado de errores que no deben repetirse. De ello depende que no se eche por la borda la recuperación de la confianza de la población y de los agentes económicos. Lo peor que puede ocurrir es que marchas y contramarchas recientes en la aplicación de políticas públicas se asienten en la mentalidad de la gente como marca distintiva de esta gestión. Así no será posible gobernar.

Desde la derogatoria de los decretos supremos, que autorizaban a una empresa irlandesa la exploración y explotación petrolera en lotes petroleros del norte del país, hasta el reciente acuerdo con los transportistas interprovinciales y de carga, para devolverles el ISC, solo se ven malas señales que traen malos augurios. Por ello, lo fundamental para el gobierno es fijar con claridad la visión que se tiene hacia adelante para el país, seguida de objetivos claros que han de ser alcanzados mediante un plan de acción creíble y viable, en un marco limitado de tiempo. Hablamos de un norte inconfundible y de metas concretas.

El nuevo ministro de Economía, Carlos Oliva, debe recordar que reglas claras y certidumbre es lo que necesitan los agentes económicos para seguir apostando por crecer. En esta coyuntura no caben dubitaciones y contradicciones entre quienes son responsables de aplicar las políticas de gobierno. La inversión que hace falta atraer e impulsar aparecerá cuando haya un derrotero sólido y creíble para todos.


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