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Opinión


1 Marzo, 2018.

¡No me niegues, Pedro!

"Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. Abraham Lincoln

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Y ardió Troya. Jorge Barata empezó a cantar y la letra de su canción es bailable para toda la clase política del país. Veamos algunas reacciones:

1- Susana de la Puente: “[…] Habiendo tomado conocimiento de que el señor Jorge Barata habría manifestado que me entregó 300 mil dólares para la campaña de la Alianza por el Gran Cambio, desmiento categóricamente esta afirmación”.

2- Mercedes Aráoz: “No recibí ningún aporte ni de Odebretch ni del señor Barata”.

3- PPK: “No he recibido jamás una donación del señor Barata”.

4- Alan García: “Lo que dice Jorge Barata es una gran mentira”.

5- Keiko Fujimori: “No he recibido dinero de Odebretch ni de Barata”.

6- Alejandro Toledo: “El señor Barata lo va a tener que pagar muy caro, porque lo voy a enjuiciar por 200 millones de dólares”.

Lo cierto es que Jorge Barata ha vuelto a afirmar lo que muchos suponemos: que todos, absolutamente TODOS, los partidos políticos habrían recibido en algún momento financiación de la empresa Odebrecht sin haberlo declarado en sus registros contables. Por más que sus líderes lo nieguen, es indudable que Barata no se habría acogido a la colaboración eficaz si no tuviera la certeza de poder fundamentar y corroborar sus afirmaciones; caso contrario, no obtendría ningún beneficio en este proceso penal de magnitud insospechada.

No se necesita haber recibido el dinero directamente de Odebrecht para ser partícipe del delito de lavado de activos; eso lo saben muy bien los dirigentes de los diferentes partidos políticos involucrados. Ya será el fiscal –con la información que está recibiendo– quien deberá armar su teoría del caso y determinar las responsabilidades penales de cada uno de los involucrados. Fuera de ello, existe la responsabilidad política de aquellos que liderando un partido o siendo candidatos del mismo permitieron, por su carencia de moral y falta de escrúpulos, que instituciones que deberían garantizar nuestra democracia y el Estado de derecho se hayan convertido en sendos cómplices facilitadores de una corrupción generalizada.

Todo lo anterior está marcando a una generación, y ha traído como consecuencia una mayor desazón y desconfianza hacia quienes pretendan en las próximas elecciones presentarse como solución de nuestros problemas.

El legendario presidente norteamericano Abraham Lincoln dijo alguna vez: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. La verdad sigue saliendo a la luz y, parafraseando a Cristo, Jorge Barata les está diciendo a sus cómplices: “¡NO ME NIEGUES, PEDRO!”


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