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¡Ni con el pétalo de una rosa!

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Señora Pepi Patrón, no sea cínica. Usted está usando su condición de mujer para evadir su responsabilidad que es más clara que el agua. Usted es POR LO MENOS autora mediata del hecho delictivo de haber robado a los alumnos de la PUCP durante más de seis años.



Las mujeres han logrado durante siglos de lucha el derecho de estar en pie de igualdad con los hombres, pero algunas han terminado por malograr esas conquistas fundamentales proponiendo que “son iguales pero no tanto cuando les conviene”.

El mundo de la academia está en shock por el escándalo que se ha producido en la universidad más importante del país, la PUCP. Allí se venía estafando con total desparpajo a miles de alumnos cobrándoles moras ilegales durante años para hacer caja y pagar suculentos sueldos de una planilla dorada de la que nunca nadie dio cuenta. Ese ilícito penal, reconocido sin inmutarse por el rector Marcial Rubio Correa –uno de los capitostes caviares de la corrección política, la moral, integridad, transparencia y las buenas costumbres– trajo como consecuencia su renuncia, la del vicerrector administrativo y, finalmente, la de la vicerrectora de investigación Pepi Patrón, mano derecha de Rubio y última en presentar su dimisión.

Luego de haberse reído de los estudiantes tratándolos poco menos que como basura, el ninguneo terminó cuando la misma plana docente y, luego, los decanos se unieron a los alumnos para pedirle a Rubio, Patrón y CÍA explicaciones que no daban hasta que fueron obligados por las circunstancias. Sin embargo, aún en ese trance, ninguno de estos, creyendo con soberbia que podrían capear el temporal, rindió ninguna disculpa sobre el latrocinio. Solo una vez que les cayó la quincha de la opinión pública en la cabeza y que la cárcel ronda sus puertas, los susodichos han lamentado el hecho (luego de haber dicho antes que no se arrepentían de nada, porque el bien de la universidad estaba por encima de la ley y la ética).

Pues bien, en la carta publicada ayer por la exvicerrectora de Investigación Pepi Patrón, después de las disculpas forzadas la señora declara que ella nunca supo nada de las satraperías de Rubio. Es decir, ella andaba de aquí para allá con Rubio, despachaba con Rubio, lo acompañaba para hacer frente común contra los estudiantes que protestaban en las puertas del rectorado, coordinaba con él las planillas doradas camufladas como “suplemento de sueldo para decenas de “investigadores” anotados en una lista del vicerrectorado a su cargo” (cuyos “bonos” de dónde iban a salir sino del robo de las moras que le hacían a los alumnos), pero…ella no sabía nada.

Dice la señora Patrón: “Lamento no haber estado al tanto de esta situación oportunamente. Yo no estaba informada de los hechos que se han descrito en estos días. Repito para que quede claro: no he estado informada de los hechos escritos y ello ha sido dicho públicamente. Estaré muy agradecida si se deja de acusarme injustamente”.

Luego doña Pepi cita a Ana Arendt y recalca su condición de mujer, la primera en la historia de la PUCP en haber formado parte del rectorado.

Señora Pepi Patrón, no sea cínica. Usted está usando su condición de mujer para evadir su responsabilidad que es más clara que el agua. Usted es, POR LO MENOS, autora mediata del hecho delictivo de haber robado a los alumnos durante más de seis años. ¿No le ha explicado el doctor Rubio o el doctor Albán o el doctor Abad qué cosa es la teoría del dominio del hecho? ¿Se acuerda de esa teoría por la que condenaron a 25 años de prisión a Alberto Fujimori? Pues yo se la explico en cuatro palabras.

Usted, como vicerrectora de Investigación, estaba en condición de SABER de las decisiones ilegales con las que Rubio le robaba a los alumnos para que la “universidad no quiebre”. Mientras, más de 50 “investigadores” recibían suplementos de sueldos en una planilla dorada bajo su cargo. ¿O usted no era la vicerrectorra de Investigación? ¿Y Rubio no afirmó muy suelto de huesos que el robo era para pagar planillas?

Y mala comparación, señora, con Ana Arendt. Pues siendo ella víctima de los nazis terminó encandilada de uno. Asuma usted su responsabilidad en este robo y pida disculpas a las mujeres de la Academia por haber sido la primera en un cargo tan elevado y haber fallado con la ley y la decencia.

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