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Nerón va a estar de fiesta

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La mediatización de los procesos penales a dirigentes políticos y a exgobernantes ha servido como un buen distractor para disimular la parsimonia ejecutiva del gobierno. A diferencia de lo expuesto por el presidente, las obras no se ven: el Estado no llega donde debe llegar, la escasez persiste y el descontento es palpable en las regiones.



Los resultados del referéndum han sido un fiel reflejo del divorcio existente entre la población y nuestros desgastados congresistas. Ellos, pensando que el poder temporal conferido no tiene fecha de expiración, han venido manipulando repetitivamente sus respectivas agrupaciones políticas para presentarse continuamente como única opción de representación popular.

Olvidaron, quizá, que la falta de renovación interna y control de calidad en sus organizaciones es la vía rápida de la obsolescencia.

Indudablemente la consulta ha sido un triunfo político de Vizcarra. Con Keiko en prisión preventiva y García en jaque al pastor, muchos analistas podrían pensar que el presidente tiene el camino despejado para maniobrar sin mayores opositores. Pero, ¿lo tiene? En su reciente mensaje a la nación la sensación que ha dejado es la de un candidato en plena campaña electoral, sosteniendo que se ha reducido el déficit fiscal, que ha logrado el crecimiento de la economía en 4%, y prometiendo que semanalmente la población recibirá nuevos hospitales en todas las regiones del país.

No se puede negar la percepción generalizada de nuestra población en el sentido que nuestro actual mandatario es el presidente que está enfrentando frontalmente a la corrupción. No obstante, considero que se trata de una percepción errónea: en todo caso, quienes están haciendo esta lucha son el Ministerio Público y el Poder Judicial, aunque de una manera sesgada ya que hasta el momento los reporteros de IDL –el principal “colaborador eficaz” que tienen– solo difunden audios contra sus antagonistas ideológicos, sin tocar ni con un pétalo a sus amigos (léase Villarán y su troupé caviar, quienes por el contrario muy soterradamente están copando esta gestión).

Dicho esto, lo cierto es que la mediatización de los procesos penales por corrupción a dirigentes políticos y a exgobernantes ha servido como un buen distractor para disimular la parsimonia ejecutiva del gobierno. A diferencia de lo expuesto por el presidente, las obras no se ven: el Estado no llega donde debe llegar, la escasez persiste y el descontento es palpable en nuestras regiones.

Y los recientes resultados en el sur del país deberían preocuparnos. Nuevos líderes con diplomados de aprendiz en piromanía están surgiendo y empoderándose en los sectores populares.

Procesar penalmente a los rivales de manera digitada no es garantía de una buscada reelección: la pradera está seca y cualquier chispa puede degenerar una devastación. Antauro debe estar sonriendo y relamiéndose los labios: me gustaría equivocarme, pero creo que pronto Nerón va a estar de fiesta.

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