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Opinión


18 Septiembre, 2017.

Nadie sabe para quién trabaja

Con Mercedes Aráoz PPK está jugando sus últimas cartas, aunque la verdad nunca tuvo muchas.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Después de una semana intensa en la que el Congreso decidió no otorgar la confianza a Zavala, muchos analistas tejieron una serie de hipótesis de lo que podría suceder, desde una nueva censura hasta la disolución del Parlamento. Pues bien, ni lo uno ni lo otro: con el juramento de Mercedes Aráoz como flamante presidenta del Consejo de Ministros se abre una nueva etapa de este régimen y quizás la ultima posibilidad para que este gobierno de lujo no termine hundiéndose como el Titanic, víctima de su propia arrogancia.

Y es que arrogancia es la que ha tenido PPK al insistir en mantener a su ministra de Educación —lo que originó todo este bochorno— luego de su endeble gestión en la cartera a su cargo, y mayor arrogancia aún la que tuvo su primer ministro pidiendo un voto de confianza y amenazar con la disolución del Congreso, demostrando una vez más que están totalmente desconectados de la realidad política y de las necesidades de la población.

Con Mercedes Aráoz PPK está jugando sus últimas cartas, aunque la verdad nunca tuvo muchas. Después de esto ya no tendrá con quienes realizar más recambios; en ese sentido, está en la obligación de maniobrar con un audaz giro de timón, entender qué es la realpolitik y salir del letargo en el que ha permanecido estos últimos trece meses. La supervivencia de su gobierno depende de ello.

¿Podrá Meche hacer el milagro? Se le conoce como mujer capaz y carismática, pero va a tener que lidiar con una oposición no solo del Legislativo sino también de la opinión pública que hace ya bastante tiempo ha dejado de favorecer a PPK, tal como lo demuestran todas las encuestas a nivel nacional. Pero quién sabe: tal como lo dijo Aristóteles, “la política es el arte de lo posible” y por el bien del país necesitamos del gobierno acciones claras para salir de este tremendo bache que se inició con los Humala y parece no tener fin.

¿La salida de Zavalita era lo que PPK necesitaba? Quizá al final resulte que —como en aquel viejo juego de naipes— “nadie sabe para quien trabaja”.


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