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Opinión


9 Septiembre, 2018.

Municipales: apatía electoral

Hay poca conexión y mucho desinterés, y eso se nota en las encuestas.

Uno mira las elecciones municipales como una especie de desierto en el panorama electoral. No hay candidatos con liderazgo ciudadano. El ambiente que se respira no es además el más idóneo para unas elecciones: la gente está molesta por los escándalos, la corrupción, los contratos insanos, el aprovechamiento. Hay una falta de fe, una especie de pesar electoral.

Se ve paneles de todo tipo en medio de un tráfico cada día más congestionado. Y no se aborda ese problema que sigue creciendo.Todos prometen más transporte masivo, pero nadie presenta alternativas de solución para el tráfico vehicular.

El tema del agua (sobre el cual PPK nunca cumplió su promesa) es un muy importante para cualquier ciudad, pero no se habla de eso porque al parecer los candidatos prefieren dejar esa tarea al Ejecutivo. ¿Se puede avanzar como ciudad sin que los sectores populares cuenten con agua?

Los candidatos son aproximadamente veinte y con ese número de participantes el debate no será un debate. Será un conglomerado electoral, un condominio temático, una maratón de propuestas, una serie sucesiva de movimientos impostados.

Las elecciones, además, han sido convocadas en un feriado largo. Y eso a la gente no le gusta porque frustra sus posibilidades de viajar, de recrearse, de descansar.

Hay, obviamente, candidatos preparados. Pero en líneas generales las elecciones transcurren con algunos matices electorales pintorescos. Uno de ellos es el que levanta la xenofobia. Y se trata de una xenofobia electoral, sino de la utilización de la desgracia social para beneficio de una campaña personal. Una ciudadana, por ejemplo, abordó al candidato involucrado y le preguntó frente a cámaras qué le prometía si votaba por él. Él respondió: “Un abrazo” (¿?).

Otro candidato se muestra como japonés siendo peruano. Aparece en los paneles con kimono y en postura de karate. “Ponja sabe”, nos dice.  ¿Así se gana una elección, diciéndole a una ciudad que por ser japonés, “él sabe”? Si por lo menos reivindicara su peruanidad, la percepción sería distinta. ¿Por qué disfrazarse de japonés para administrar una ciudad en la que confluyen la costa, sierra y selva del Perú? Los peruanos también sabemos, y mucho, y sobre todo conocemos nuestro país. ¿O no?

La campaña también avanza a nivel distrital, en algunos casos entre destapes de mafias municipales que han desarrollado el inusitado concepto de municipio botín. En realidad, ese debería ser un eje esencial del debate: la idoneidad y la transparencia futura. ¿Qué hacer con los contratos dolosos, con el peaje abusivo, con los funcionarios delincuentes, con los que autorizaron lo que se firmó, con los abogados que hicieron lobby para intereses lesivos y antiperuanos? ¿Habrá responsables y modificaciones o será borrón y cuenta nueva?

Entramos a la recta final con una mayoría ciudadana desinteresada y hasta apática. Hay poca conexión y mucho desinterés, y eso se nota en las encuestas. Ojalá todo esto cambie en la recta final de la campaña.


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