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Opinión


16 Marzo, 2016.

Mr. Levitsky

No hablamos de meros formalismos ni de exigencias absurdas: así como no comprar votos es un asunto fundamental, también lo es que las agrupaciones cumplan algunos requisitos elementales.

Jorge Secada

| Columnista invitado

En un reciente artículo de La República, Steven Levitsky critica la decisión del Jurado de dejar fuera de carrera a Guzmán y a TPP. Empieza mal, aunque después recobre algo de lucidez. Y digo que empieza mal porque apela a la reacción de “sorpresa” (y en algunos casos de “escándalo”) de la “comunidad internacional” y se pregunta retóricamente por el motivo.

No vale la pena detenerse demasiado en esto pero sí vale la pena desnudarlo: podríamos con igual verdad (la que tenga una u otra afirmación) hablar de la reacción de la “comunidad internacional” cuando Sendero aterrorizaba al país.

En algunas librerías en Estados Unidos y en Gran Bretaña se vendían folletos que elogiaban a estos criminales, y en algunos conciertos parisinos se mencionaban las luchas de liberación indígena que se libraban en el Perú. La embajada peruana en Washington protestó por escrito frente a lo primero y recibió una respuesta de un funcionario del Departamento de Estado, dándole a nuestro embajador César Atala una supuesta lección sobre libertad de expresión. Ahora, un congresista que se podría jactar de ser reconocido como uno de los que despliega menor transparencia en el Congreso estadounidense dice estar preocupado por la decisión del Jurado Nacional sobre Guzmán.

Es fácil, entonces, responder la pregunta retórica de Levitsky: hay muchas razones para la reacción de la “comunidad internacional”, y entre ellas encontraremos el prejuicio, la ignorancia y el lobby interesado. En el mundo de las ideas y en las discusiones entre personas que buscan la verdad, profesor Levitsky, lo que importa son los contenidos, no quién los expresa ni porqué lo hace, no a quién le convienen y a quién no.

Entre los argumentos que usa hay varios que se refieren a la aplicación selectiva de la ley o a su inaplicabilidad estricta, y con esto se suma a un coro de voces locales. Notemos que al igual que muchos otros, no aplica sus razonamientos al caso de Acuña, aunque en varias instancias correspondan.

En efecto, la ley se aplica selectivamente y eso está mal. Pero eso es verdad aquí y allá en la “comunidad internacional”, antes y ahora. Sugerir que, por lo tanto, no debe aplicarse nunca es una conclusión digna de un mal cachimbo. Igual sucede con respecto al hecho de que toda la ley en todo su detalle sea estrictamente inaplicable.

Lo central es que no estamos hablando ni de meros formalismos ni de exigencias absurdas. Así como no comprar votos es un asunto fundamental, también lo es que las agrupaciones políticas cumplan con algunos requisitos elementales. Y aquí el detalle cuenta.

El Jurado Nacional le pidió a TPP subsanar la manera en que había seleccionado sus candidatos. TPP, con la necesaria complicidad de su candidato presidencial, decidió no hacer una asamblea sino falsificar actas para pretender que la habían hecho. Eso no es un mero formalismo y si Levitsky hiciera algo similar en su país, y lo descubrieran, terminaría en Canadá.

Es indignante, pues, que se atreva a escribir: “Algunos falsifican bien; otros, no. Pero nadie cumple de verdad”. Que se sepa, ni Acción Popular, ni el Frente Amplio, ni Peruanos Por el Kambio han fraguado actas y mentido públicamente frente al Jurado Nacional. Hasta en el caso de la coalición del Apra con el PPC, el incumplimiento de un reglamento interno no los han llevado, que sepamos, a falsificar documentos frente a un pedido de que subsanen la falta. Y habrá que ver qué sucede conforme se presenten pruebas de que Keiko ha estado comprando votos.

El origen de los problemas de Guzmán es Guzmán mismo. Ya para empezar su candidatura usó un “partido” como mero vehículo y meramente porque tenía inscripción (¿o es que Guzmán y el dorado e irracional Áureo tienen otras coincidencias e historia política compartida?). No sorprende (salvo tal vez a la “comunidad internacional”, habrá que ver) que ahora digan que no reconocerán al nuevo presidente. Algo hemos avanzado —tal vez mal y hasta pésimo, pero algo y para adelante— con las resoluciones del Jurado Nacional; y quienes dicen respetar la institucionalidad hacen bien en esforzarse por rescatar lo que en ellas y en los procedimientos del Jurado hay de rescatable, que no es poco.

Por último, Mr. Levitsky, “el sur de Norteamérica” es México. Cuando hable del sur de su país, diga el sur de los Estados Unidos o el sur estadounidense, por favor.


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