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Moro era un gángster

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Intercept Brasil hizo públicos audios que revelan trama conspirativa entre el juez Moro, los procuradores y fiscales del caso Lava Jato para hundir a Lula y sacarlo de la carrera electoral del 2018. Aquí se siguió al pie de la letra la "doctrina Moro", pero no contra la izquierda sino contra la derecha encarnada por Keiko Fujimori y Alan García.



Se cae Lava Jato en Brasil como muy pronto terminará cayéndose en Perú. La ironía de los chuponeadores chuponeados ha puesto al descubierto los pies de barro de los ídolos endiosados por la prensa ilusa y puestos de ejemplo por fiscales y jueces con intereses y agenda política propios.

Mientras aquí en Lima las baterías del grupo mediático El Comercio y adláteres, a través de sus plataformas informativas, proseguían con la turbia campaña para ablandar e intimidar al juez supremo que verá la casación del caso de Keiko Fujimori (“Caso los Cuellos Blancos: Audios muestran cercanía entre juez supremo Aldo Figueroa y Walter Ríos”) –luego de que fracasara la recusación impulsada por esos mismos audios–, en Brasil estallaba la bomba atómica. El medio de investigación Intercept Brasil conectado con el periodista Glenn Greenwald que dirige la matriz norteamericana y, a través suyo, con el hacker Edward Snowden (refugiado en Rusia), hizo pública una serie de audios que revelan una trama conspirativa entre el juez Moro, los procuradores y fiscales del caso Lava Jato para hundir a Lula Da Silva a como dé lugar y sacarlo de la competencia electoral del 2018. Hoy Moro es ministro de Justicia del Brasil para el gobierno de Jair Bolsonaro, que ganó las elecciones en las que precisamente Lula no pudo participar.

Más allá de lo que podamos pensar ideológicamente de Lula Da Silva y de su Foro de Sao Paulo –nefastos instrumentos para la disolución social, el mercantilismo y la corruptela–, el hecho aquí es que tras la pretendida campaña anticorrupción de jueces, procuradores y fiscales había una agenda ideológica que hoy ha sido revelada con pelos y señales: se trataba de deshacerse del enemigo metiéndolo a la cárcel e inhabilitándolo para ejercer sus derechos políticos y así sacarlo de circulación.

Lo anterior, por supuesto, no implica que Lula Da Silva sea un santo ni nada parecido. El mercantilismo y el estatismo siempre traen consecuencias mafiosas en el manejo de la cosa pública, que ni empezaron ni terminarán con Lula, pues el estatismo es su principal caldo de cultivo y Brasil siempre ha sido un país estatista. Lo que sí es inadmisible es que se quiebre el Estado de derecho y se entronice una farsa de justicia, en la que un tinglado de jueces, procuradores y fiscales montan un aparato mafioso –para romper con la legalidad del debido proceso contra los “investigados” y “acusados”– con la sentencia ya guardada de antemano debajo de la toga. Eso es lo que ha pasado en Brasil y que ha sido revelado gracias a las redes de Snowden.

Las repercusiones de estos hechos en el Perú no tardarán en hacerse sentir, pues aquí el IDL, Vela, Pérez, Concepción Carhuancho, Ávalos, Enco, procuradores y compañía se han proclamado incondicionales de Moro como ejemplo a seguir. Incluso el hoy ministro en la picota dio en Lima una conferencia para estos “operadores de justicia” en que marcaba la estrategia a seguir, es decir, la misma que lo ha puesto hoy a él al desnudo. Chuponear, filtrar la información a la prensa amiga, fidelizarla con “primicias”, crear clima de indignación pública, apoyarse en encuestas y un largo etc., dado que, según Moro, los “enemigos” eran tan poderosos que esta era la única forma de vencerlos.

Aquí se siguió al pie de la letra la “doctrina Moro”, pero no contra la izquierda sino contra la derecha encarnada en Keiko Fujimori y Alan García. Como la fiscalía tiene hoy el cuajo de apoyarse en hipótesis sin ninguna prueba yo voy a hacer lo mismo, pero amparado en la libertad de opinión y el sentido común.

Eso de “los cuellos blancos del puerto” siempre fue una farsa: el objetivo nunca fueron los narcotraficantes y sicarios del Callao. Ese siempre fue el pretexto. La ONG caviar que reina y campea se consiguió a dos fiscales de su collera con obvios nexos con su agenda política, ideológica y hasta sentimental como operadoras. Esta argolla sabía perfectamente de qué pie siempre han cojeado algunos jueces por lo que era fácil llegar, por ejemplo, a Walter Ríos. Y de ahí jalaron la pita para empezar a escuchar a todo el mundo en cadena y fuera de contexto.

Cualquiera que hablara con Walter Ríos ya se convertía en mafioso –a excepción de César San Martín , claro, que pedía favores judiciales y sigue en la Suprema como si nada–. Luego fueron por los jueces supremos que a su vez se comunicaban con Ríos (pidiéndole favores que se estilan así desde que el mundo es mundo) y luego con los políticos que se comunicaban con los jueces supremos, así como con los fiscales supremos que por su trabajo o función tenían a su vez que comunicarse con los jueces supremos. De ahí inventaron la mafia de “los hermanitos” para amenazar y deshacerse de todo aquel que contravenía sus intereses.

Se trataba de copar el Poder Judicial y el Ministerio Público con el cuento de la lucha anticorrupción para convertir a la fiscalía y al Poder Judicial en un instrumento contra el Keikisko y el Alanismo, representantes de la derecha. El resultado fue un éxito. Keiko Fujimori está presa no se sabe aún por qué y Alan García se suicidó por orgullo de no ser exhibido como un delincuente sin prueba alguna para el solaz de las masas histéricas.

Y las bestias del grupo mediático más importante del país, más segundones, terminaron destruyendo el colchón popular de la derecha dejando el 2021 a la buena de Dios, creyendo que podrán manipular a la opinión pública para que no voten por algún demente que terminará estatizando todo y fusilándolos a la luz de un farol (¿no hicieron lo mismo durante el primer gobierno de Fernando Belaunde, dándole tribuna a los militares y rebotando el cuento de la “Página 11” para luego apoyar un golpe que terminó expropiándoles sus medios?).

Bueno, el asunto es que la farsa terminó. Descubiertos en Brasil Moro y sus secuaces, no tardará aquí en descubrirse también todas las conversaciones de jueces, fiscales y procuradores coordinando artimañas para meter presos o amedrentar a sus víctimas sean políticos, jueces, fiscales, periodistas o empresarios. Y a Snowden desde Rusia le importa un pito quién sea Gorriti, Vela o Pérez, unas partículas de polvo en su universo.

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