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Opinión


13 Julio, 2018.

¿Mordaza? Jajaja

La mermelada es un institución nacional. No habría que rasgarse la vestiduras ni armar barras bravas de periodistas; tampoco pretender una inocencia que no existe. La mermelada es de siempre; hoy, simplemente, aparece más sofisticada.

Óscar Fernández Orozco

| Columnista invitado

La Ley Mulder no tiene nada de mordaza y menos aún es contra la libertad de prensa y opinión. En el Perú está garantizada la libertad de publicar cualquier folleto o periódico, y la opinión es libre. Antes bien, habría que ver como muchos medios tergiversan las noticias y manipulan la opinión.

Muchos de estos medios tienen tiradas muy bajas y, por tanto, costos unitarios muy elevados. Ellos tienen pendiente el deber de explicar su existencia y mostrar el subsidio que reciben para seguir publicando. Asimismo, los organismos vinculados al periodismo deben demandar una explicación para saber el origen del dinero que se pierde mensualmente.

La Ley Mulder es populista y contraria a la libertad de mercado. Solo busca el aplauso de esa cantidad de medios fuera de Lima que existen misteriosamente o de milagro y a los cuales busca favorecer como parte de una apuesta electoral. El tema es muy claro: el Estado debe contratar el mejor servicio para los temas ineludibles y cuidar no ser fuente de financiación para ninguna empresa. Los medios tienen la obligación de informar y el Estado es la principal fuente de información. Esa es la razón por la que no debería pagarles un centavo.

Sin embargo, la mermelada es un institución nacional. No habría que rasgarse la vestiduras ni armar barras bravas de periodistas; tampoco pretender una inocencia que no existe. La mermelada es de siempre; hoy, simplemente, aparece más sofisticada. Antes la ejercían en directo y a la mano, y era aceptada como una forma para compensar el bajo sueldo. Ahora son las empresas las que la dirigen y la imponen a sus periodistas.

Por lo anterior existen medios que omiten la palabra “publirreportaje” y disfrazan sus contratos publicitarios engañando a los lectores. Otros han aprendido a barajar publicidad con información: me pones un aviso y te publico uno dos espacios equivalentes y adicionales como “cherry”, con fotos para tu empresa o una entrevista a tu gerente general .

Y las televisoras obligan a sus periodistas a mezclar información con publicidad. ¿Acaso no vemos que casi todos los periodistas deportivos mezclan su profesión informativa con la recomendación publicitaria de productos? ¿Ganan comisiones de venta?, me pregunto. Y es que lo hacen muy alegres y sin pestañear, muy orgullosos de la “merme”.


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