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Opinión


2 Diciembre, 2016.

¡Ministro Basombrío, renuncie!

Aquí ya no vale pedir disculpas públicas al pobre hombre al que involucró sin escrúpulos en el incendio de Larcomar. Lo que vale es que se vaya a su casa: el peligro público es él.

El miércoles por la noche, mientras polemizaban los congresistas Guido Lombardi y Javier Velásquez Quesquén por el ministro de Educación en el programa de Milagros Leiva, el Ministerio del Interior difundió intempestivamente un video. En este se señalaba que el incendio de Larcomar habría sido provocado por un sujeto que enseñaban las imágenes saliendo del local siniestrado.

Tanto la periodista como los congresistas quedaron de una pieza y, como ellos, los televidentes nos indignamos de que la tragedia no hubiese sido un accidente o hasta fruto de una negligencia, sino un atentado doloso que costó varias vidas humanas. El ministro del Interior ofreció luego una recompensa de 15 000 soles por quien diera aviso del paradero del “hipotético” incendiario.

Pues bien: ni transcurridas 24 horas el “pirómano” de la “hipótesis” del ministro Basombrío apareció en la Fiscalía. Se llama Luis Raúl Salazar Benito y conocía bien a los difuntos del incendio pues era parte del personal de la productora contratada por el cine para la función especial que se vio frustrada por la tragedia.

Como no era para menos, el joven trabajador dijo estar indignado de que el ministro lo hubiese involucrado en un crimen tan atroz. Negó, por supuesto, ante la autoridad fiscal la “hipótesis” de Basombrío, afirmando con rabia y angustia que, literalmente, le “habían arruinado la vida”.

Y, bueno, sí pues: esto es el colmo. No hay derecho alguno a arruinarle la vida a alguien con una ligereza tan inaudita como la lanzada por Basombrío. Él no es cualquier comentarista de crónicas rojas: es un ministro de Estado. Tiene el deber de ser prudente, cauto y veraz… pero por lo visto es todo lo contrario. Es decir, el ministro es un irresponsable de marca mayor.

Si Basombrío tenía una sospecha por el video que le proporcionó Larcomar y UVK (que son parte interesada en la responsabilidad del siniestro), pues lo que manda el sentido común es que investigue primero con discreción y no que lance una “hipótesis” a los cuatro vientos ofreciendo recompensas. Así no se hace ninguna investigación criminal y si el ministro no lo sabe entonces está de más.

Aquí no vale ya pedir disculpas públicas al pobre hombre que involucró sin escrúpulos. Lo que vale es que se vaya a su casa. No puede estar ni un día más en el ministerio. El peligro público es él.


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