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Opinión


29 Enero, 2018.

Minería: gobierno paralizado y paralizante

Hace un año se anunciaba la privatización de Michiquillay para el segundo semestre del 2017 y los proyectos mineros Jalaoca y Colca. Hoy, la primera sigue postergándose y los restantes, sin ser subastados.

Aunque enero es un mes insulso y anodino, siempre se caracteriza por la intensa actividad de la bola de cristal. Las predicciones de cómo vendrá el año en materia económica sacan a relucir lo mejor de la imaginación de nuestros analistas locales y de los esperanzados oficialistas.

En nuestro habitualmente gris cielo limeño, una esporádica luz le da ánimos al MEF. Esperan un crecimiento sostenido por encima del 4%, dado el eventual impacto positivo que podría tener la (incierta) “reconstrucción” (que, a su turno, muy desafortunadamente se desequilibrará por el efecto negativo de la paralización de obras adjudicadas a los exafortunados del “Club de la Construcción”). Sin embargo, ese numerito parece un sueño peregrino de verano mientras el país siga paralizado y con una burocracia temerosa e ineficiente: ni el precio de los minerales está por los cielos ni una Bolsa de Valores que alcance rendimientos astronómicos en estos últimos meses nos salvará de un 3%.

Por otro lado, el Gobierno en algunos casos parece un disco rayado. Para muestra, un emblemático ejemplo:

Hace exactamente un año, cuando todavía era presidente de Proinversión Alvaro Quijandría, se anunciaba la privatización de Michiquillay para el segundo semestre del 2017 (tardaron bastante considerando que el contrato con Anglo American fue resuelto en el 2014). Se trata de un proyecto interesante, aunque con algunas debilidades en el tema social, especialmente sensibles por estar ubicado en Cajamarca —tierra de Gregorio Santos— y por coincidir, tanto el desarrollo como la entrada en operación, con años electorales.

Inicialmente la concesión fue prevista para el 15 de noviembre, pero luego fue postergada para el 20 de febrero próximo y hasta hoy parece que solo hay un postor a la vista. También en esta misma época, enero 2017, Proinversión anunciaba dos proyectos mineros en fase muy preliminar: Jalaoca y Colca. Estos se hallan ubicados en la denominada zona “sexy” de Apurímac, donde también se encuentran Las Bambas (MMG) y Constancia (HudBay), ambos en operación, Los Chancas (Southern), Haquira (First Quantum) y Cotabambas (Panoro) en fase muy avanzada de desarrollo. Es una zona altamente mineralizada y de gran riqueza para el país, pero paradójicamente también una de las más pobres y con el mayor número de niños anémicos.

Ha transcurrido un largo año y estos dos proyectos siguen sin ser subastados. ¿Por qué? Por el simple hecho de que Proinversión no toma decisiones. Está paralizado. No cesa de contratar consultores que continúan haciendo estudios con el objetivo de diseñar estrategias para el proceso de concesión. Producen uno y mil reportes técnicos, absolutamente innecesarios respecto a activos públicos inmovilizados que hasta hoy no mueven ni un milímetro la actividad económica del país.

¡Entréguenlos gratis, regálenlos! Solo exijan compromisos de inversión y la posibilidad de cobrar una regalía alta en caso de encontrar reservas atractivas que hagan factible el desarrollo y la operación. Igual para el caso de Michiquillay. Este último es un proyecto de baja ley solo rentable con los actuales precios de cobre, que parece se mantendrán por algunos años considerando el importante crecimiento de China y los bajos stocks en el mercado.

¡Lo perfecto es enemigo de lo bueno, señores del Gobierno! Sobre todo si depende de las decisiones de funcionarios paralizados y con miedo. ¡Atrévanse, por favor! Hoy, más que nunca, debemos mostrar que los destinos del país realmente nos preocupan.


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