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Opinión


11 Junio, 2018.

Mi verdad

Quien no es respetuoso y leal consigo mismo no puede serlo con nadie más. Y esto no es cuestión de edad.

Lesly Shica

| Columnista invitada

Han pasado varias semanas desde que una mujer que poco me conocía me llamó para decirme lo siguiente: “Nosotros contratamos asesores con trayectoria […] tiene 24 años y viene de otras gestiones[…] cuando tenemos responsabilidades de alta dirección no podemos expresarnos en contra de ninguna entidad”. Se vio revelada mi edad, mi retribución por mi vocación que, por cierto, nunca escatimó en horarios ni se fijó en cargos: siempre fue 24×7. También dijeron algunos que los jóvenes no podíamos tener tanta “trayectoria” como otros mayores. Pero si la “trayectoria” significaba para esta señora aferrarse al poder traicionando incluso sus principios (si es que los tenía) y ofreciendo la cabeza de su “gente de confianza”, ¡entonces mejor que no digan que la tengo!

Hasta cinco días antes de que ocurriese lo que ya todos saben, recibí constantes felicitaciones a través de medios oficiales (correos electrónicos) y en diálogos telefónicos. En ellas, incluso, me designaban punto focal de coordinaciones pero no: NADA DE ESO IMPORTÓ porque mi voz y opinión nublaron todo lo bueno que podía ofrecer. Entonces, para justificar la injusticia, aseguraron que mi desempeño había estado bajo evaluación permanente. Bueno, solicité formalmente al MIDIS el documento de tal evaluación y me respondieron (notificaron) que no existía en el acervo documentario.

La situación es concreta y responde a lo siguiente: mis convicciones y principios SON INNEGOCIABLES. Yo, simplemente, soy dueña de mi verdad: aunque joven, tengo constancia de todas las actividades que realicé a favor de las instituciones para las que he colaborado. Y mi mejor garantía es la recomendación y los buenos comentarios de mis superiores a lo largo de varias gestiones, y de las personas honorables que han puesto en blanco y negro sus evaluaciones.

Esto no ha acabado. Todo lo contrario: lo que hice lo volvería a hacer una y mil veces más, en defensa de un presente mejor. Si vivir acorde con ellos implica perder un cargo, empleo y sueldo en la Alta Dirección, LO ASUMO. Quien no es respetuoso y leal consigo mismo no puede serlo con nadie más. Y esto no es cuestión de edad.

Seguiré trabajando por mi patria, por la gente que conocí en Andoas, por mis amigos eternos de Carapongo, Chumbivilcas, Rancas, Chilloroya, Arequipa, Moquegua, Tarapoto, La Merced, Iquitos… Yo no quiero pasar por este mundo sin hacer mucho más que aferrarme a una silla detrás del escritorio.


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