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Opinión


30 Mayo, 2017.

¡Mi pisco por un premio!

Algunos empresarios nunca dejarán de sorprendernos.

Germán Jiménez Borra

| Columnista invitado

Hay algunos empresarios que nunca dejarán de sorprendernos: renunciar a una marca para poder viajar a Chile y participar en el Concurso Internacional de Bruselas (competencia de bebidas alcohólicas creado en Bélgica hace 23 años) es por lo menos una falta de consecuencia con nuestro licor de bandera por antonomasia. Paradójico que quienes debían promocionar el pisco peruano sean los primeros en generar una pérdida de identidad de nuestro producto a nivel internacional.

¿El mercantilismo lo justifica todo? Quizás para entender esta falta de identificación de los empresarios deberíamos preguntarnos qué acciones ha realizado el Estado para defender la denominación de origen del pisco. En su momento se gestionó la creación del registro de la denominación de origen “Pisco del Perú” a nivel internacional, sin percatarnos de que era una puerta abierta para que otros países pudieran dar denominaciones similares a sus licores.

No debería extrañarnos, entonces, si en algún viaje encontramos “Pisco de Italia” o “Pisco de Tailandia”, por citar algunos países al azar.

Somos consecuencia de nuestra desidia y falta de proactividad. Si aquí comercializamos pisco sin un margen de calidad, usando muchas veces insumos que no corresponden al pisco original, ¿cómo podemos vanagloriarnos de un producto que nosotros mismos nos empecinamos en desacreditar? Quizás ese razonamiento mediocre fue empleado por estos empresarios para cambiar la denominación de pisco a “aguardiente” y así participar en un concurso que a todas luces se muestra irregular y parcializado con el país anfitrión.

Si bien el INDECOPI ha informado que está evaluando cancelar las autorizaciones de uso de la denominación de origen “Pisco” a los productores que participen en el concurso —hecho que ha traído como consecuencia de que algunos de los empresarios involucrados hayan reconsiderado y cancelado su participación en el certamen— no deja de ser una medida meramente coyuntural y paliativa a un problema mucho más grande. Si realmente queremos mantener el orgullo de nuestro licor de bandera, debemos exigir al INDECOPI que regule y controle de manera estricta los estándares de calidad y producción de nuestro pisco.

No vaya a ser que, igual a Ricardo III cuando clamaba “¡Mi reino por un caballo!” al tener la batalla perdida, tengamos que bramar “Mi pisco por un premio” mientras dejamos que otros se apropien de lo que por historia siempre nos ha correspondido.            


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