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Opinión


21 Septiembre, 2018.

Manos vacías, golpe y la estrella de David

Dos ejemplos de cómo funcionan la "democracia" y la "libertad de prensa" en el Perú. ¡Y dicen que no hay golpe!

El presidente del Consejo de Ministros se presentó el miércoles 19 de setiembre a invitación del Congreso (pues en el ordenamiento constitucional no existe la posibilidad de que el presidente de la República convoque a una “sesión extraordinaria” ni mucho menos a una legislatura extraordinaria cuando está en curso una legislatura ordinaria como lo hizo Vizcarra) para pedir una cuestión de confianza. De acuerdo con las órdenes del jefe del Estado, esta cuestión de confianza (que el presidente tampoco puede plantear porque no está previsto en la Constitución que lo haga él) tenía por objeto que el Congreso se allane a su voluntad aprobando cuatro proyectos de reforma constitucional (CNM, bicameralidad, no reelección de congresistas y regulación de financiamiento de los partidos políticos) en un plazo fijado también por él y sin “modificaciones sustanciales” al tenor de sus iniciativas.

Por donde se le mire, el presidente violó en forma y fondo la Constitución, demostrando con sus actos que interfería directamente en otro poder del Estado atacando su autonomía con la amenaza: “Si no haces lo que yo quiero, atente a las consecuencias”. Ese fue el talante del primer ministro cuando se presentó ante la representación nacional y así lo tomó la prensa internacional.

Pues bien, ¿con qué salió en las manos el primer ministro luego de plantear su cuestión de confianza? ¿Con la confianza para sus cuatro proyectos de reforma? ¿Con los plazos perentorios que había fijado el jefe del Estado el último domingo? ¿Con los contenidos sin modificar como él quería? ¿Con el referéndum sobre patines? La realidad es que César Villanueva se fue con las manos vacías, a no ser por una confianza otorgada a políticas de Estado tan genéricas que nadie puede estar en desacuerdo con ellas, a saber: lucha contra la corrupción e integridad y fortalecimiento institucional para la gobernabilidad. O sea, nada concreto. Un enunciado y nada más.

El Congreso, sin duda, salió ganando porque no lo cerraron y al final de la semana la gente se empezará a preguntar si va a haber referéndum o no, y si Vizcarra ya tiene las reformas que pidió ya que le dieron la confianza. Y la respuesta desconcertará a más de uno: sí, le dieron la confianza pero no pasó nada. Todo sigue igual. Las tintas se cargarán entonces contra Vizcarra, que sigue sin exhibir un solo logro de gobierno, una sola obra que alivie las necesidades de la gente, pifiado en Piura por una turba. Y cuando el Congreso le dé el visto bueno a sus reformas para la primera semana de octubre y termine diciembre con el referéndum, ¿qué va a enseñar el presidente, entonces?

Reviso ayer en Perú21 los artículos que me interesan, y de saque noto algo extraño (en letras grandes y negrita era imposible que pasara desapercibido) que constituía todo un mensaje al lector, pero sobre todo a la autora: la prestigiosa columnista Mariela Balbi. La advertencia decía: “Este diario no comparte las opiniones vertidas por la columnista”. Y ningún otro columnista tenía semejante disclosure de la redacción del diario (ni lo ha tenido nunca), por lo que me devoré el artículo de Balbi: Desbocados. En resumen, la periodista escribía: “Lo que vive el Perú es insólito: un golpe al estilo del 5 de abril de 1992. El de Fujimori fue una guillotina, como ‘el hacha cortante de la muerte’, según el vals. El de Martín Vizcarra se basa en la amenaza de pedir cuestión de confianza al Congreso. En cristiano, cerrarlo”. Era la opinión de Balbi, su interpretación de los hechos con los argumentos debidos. Pero, para la directora Valenzuela, que tal opinión no comulgue con la suya y que, además, sugiera que todos aquellos que aplauden y celebran el ultimátum de Vizcarra al Congreso — ¡ULTIMÁTUM! fue precisamente la portada de Perú21 del lunes 17 de setiembre– son partidarios de un 5 de abril es insoportable, sobre todo cuando se enjuagan la boca y se ganan los frejoles con su antifujimorismo.

Lo que ha hecho Cecilia Valenzuela es un acto de prepotencia e intolerancia con la opinión de Balbi, marcándola (ojo: no es la advertencia general que se estila en algunos medios cuando refieren que “el diario no se solidariza necesariamente con las opiniones de sus columnistas”, lo que es perfectamente válido y razonable). Desde ahora, Balbi se ha convertido en la apestada del diario para que todo el mundo lo sepa urbi et orbi. Nadie allí puede tener una opinión distinta a la de la señora Valenzuela, convertida en dictadora, cosa que ha quedado bien claro con el affaire Balbi.

En pocas palabras, Valenzuela le ha puesto a Balbi la “estrella de David”, ese estigma con el que los nazis diferenciaban a los “buenos” de los “malos”. ¡Y pensar que Valenzuela encabeza todos los días en su diario una lucha contra una supuesta “ley mordaza”! ¿Acaso lo que está haciendo no es una amenaza para que Balbi se calle, en la misma onda de lo que Vizcarra hace con el Congreso? Así funcionan la democracia y la libertad de prensa en el Perú. ¡Y dicen que no hay golpe!


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