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Opinión


1 Octubre, 2017.

¿Maltrato? ¿De quién?

¿Exponer a Sheyla Espíritu, que nunca fue una persona pública, no es acaso maltrato psicológico?

Karina Calmet

| Columnista

Veo el caso de Sheyla Espíritu, una jovencita de veintiún años que ha sido brutalmente expuesta en redes, “trasladada” en tiempo récord a otra base de trabajo… todo por “satisfacer” a una cliente mediática que utilizó irresponsablemente las redes sociales para exponerla. Y ya atemperado el revuelo, me preocupa y afecta porque ella podría ser mi hija: tiene la misma edad que mi Yamile. Entonces, me pregunto cómo ha quedado esta trabajadora luego de tan ingrata historia.

Mientras tanto, la lección cívica que podemos sacar de este desafortunado episodio es que la cortesía va y viene. Que si esperamos un trato amable de quienes tienen por trabajo brindarnos atención, a nosotros nos debería resultar más sencillo prodigárselo todos los días a seres humanos como nosotros: un buenos días a los policías, a los cajeros y cajeras de bancos y supermercados, a los señores que barren las calles. Se trata, muchas veces, de personas que laboran horas extras sin exigir reconocimiento por miedo a perder su trabajo y cuyos empleadores poca importancia dan al tiempo en familia que cualquiera necesita.

Sheyla trabaja todos los días encerrada en una caseta, y quizás la rutina y el cansancio la hayan sobrepasado alguna vez. Todos somos seres humanos.

La periodista denunció “maltrato”. Habría que pensar un poco en qué tan humano es subir la imagen de una muchacha con la intención de exponerla a escarnio público. ¿Exponer a Sheyla Espíritu, que nunca fue una persona pública, no es acaso maltrato psicológico?

¿Dónde está el movimiento “Ni una menos”? ¿Por qué no se manifiesta en estos casos? ¿Es que no le resulta conveniente? Y usted, señorita periodista, ¿está satisfecha? ¿Consiguió su objetivo?


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