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Opinión


12 Diciembre, 2017.

Malas notas, bajas expectativas

Según Datum, el gobierno de lujo —hablando en términos de desempeño escolar— ni siquiera puede ir a las vacacionales. Repite el año. Esto es: deberá hacer el 2018 lo que no hizo el 2017 y, además, corre el riesgo de ser invitado a abandonar el colegio por su baja performance.

César Campos

| Columnista

En julio pasado, Pulso Perú (Datum) dio a conocer un sondeo de opinión pública en el cual se indicaba que la ciudadanía calificó con 10.8 —en una escala de 0 a 20— el desempeño del gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski al cumplirse el primer año de gestión.

Me pregunté entonces por los sentimientos de PPK y los miembros del Ejecutivo al recibir probablemente el primer jalado de sus vidas, ya que la gran mayoría de ellos ostentaban irreprochables pergaminos académicos que denotaban el esfuerzo de cada uno de ellos en acreditar su sed de conocimiento con títulos, grados, maestrías, post grados, summa cum laude, idiomas y cuanto peldaño de estudios se exigieron.

Recordé también la célebre respuesta de Kuczynski cuando fue consultado por los cuestionamientos a la predominancia de tecnócratas en el primer Consejo de Ministros presidido por Fernando Zavala: “No tienen ningún fundamento. Es un gabinete de lujo, de la mejor gente de todo el Perú”, sostuvo el primer mandatario electo.

Dije entonces que tanto diamante bruñido irradiando luces, éxitos y certezas podía abofetear al resto de peruanos comunes que en promedio no superan el quinto de secundaria solo mostrando sus notas elevadísimas en Harvard, MIT, Oxford, Cambridge o Stanford. Igualmente exhibiendo, como en un largo pergamino romano, su currículum vitae donde las cumbres de los CEO o direcciones en organismos internacionales resultaban moneda corriente.

Datum ha vuelto a realizar la misma pregunta en su última encuesta de diciembre y el resultado no ha podido ser peor para un gobierno de lujo: la nota es 06. La implacable evaluación del peruano de a pie lo desaprueba en todos sus extremos.

El gobierno de lujo, en términos de desempeño escolar, ni siquiera puede ir a las vacacionales. Repite el año. Esto es, deberá hacer el 2018 lo que no hizo el 2017. Y además corre el riesgo de ser invitado a abandonar el colegio por su baja performance.

Ojalá el tema del humor público con respecto a la administración pepekausa fuera un episodio, una circunstancia fatal que sin embargo podría superarse por el ejercicio de un liderazgo firme, buenos pronósticos económicos y confianza en la mejora de los indicadores de seguridad, salud o educación. Pero no hay expectativas elevadas en torno a cualquiera de esos pilares básicos para garantizarnos un futuro promisorio.

El peor es el económico (44 % de encuestados señala que el principal problema por el que atraviesa es la falta de dinero), el cual ha desplazado al segundo lugar el temor a ser asaltado (43 %). Esto se condice con los magros anuncios sobre los reducidos impactos que tendrán los supuestos motores de la reactivación suscritos por el presidente Kuczynski al clausurar CADE 2017.

Las inversiones pública y privada no llegarán a los niveles esperados; la reconstrucción de las zonas devastadas por el Niño costero sigue enredada y con baja intensidad de ejecución; el estudio de factibilidad de Quellaveco (importante proyecto cuprífero) recién se evaluará en junio del próximo año (y no en enero); Michiquillay todavía tendrá que resolver problemas potenciales con comunidades aledañas; y así sucesivamente. No hay palanca ni vara mágica que haga supinamente atractivo el 2018 respecto al año que fenece.

Malas notas y bajas expectativas. Los destapes de Lava Jato en su fase torpedera. PPK con voz empequeñecida. Los líderes políticos y las principales instituciones también con bajos índices de aprobación. Dios nos coja confesados.


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