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Opinión


13 Abril, 2018.

¡Los partidos siempre son los culpables!

Las listas de candidatos congresales se completan a la mala: arriba van los mecenas; abajo, cualquier hijo de vecino.

Aaron Salomón

| Columnista

“Debemos tener un análisis mucho más exhaustivo cuando uno conforma la lista de congresistas”, me decía (a modo de mea culpa) el presidente del Parlamento, Luis Galarreta, luego de la filtración de los ‘kenjiaudios’ completos en los que vimos todas las sombrías artimañas de Kenji Fujimori y sus caricaturescos ‘Avengers’ para evitar que Pedro Pablo Kuczynski sea vacado. Claramente y de acuerdo siempre con el material audiovisual, el expresidente había negociado el indulto de Alberto.

Galarreta tiene razón. Si bien el pueblo finalmente es el que elige a sus representantes en el Congreso, ¿no debemos acaso exigirles a los partidos un filtro mínimo de calidad? Como me contaba un vocero aprista, la lista de 130 candidatos congresales se completa a la mala: arriba van los mecenas; abajo cualquier hijo de vecino. Y este modus operandi se repite en todos los grupos de amigos que se hacen llamar serias organizaciones políticas (para muestra un botón: Salvador Heresi declaró alguna vez que en Peruanos Por el Kambio no habían definido siquiera “la posición ideológica”).

Por tal motivo es que surgen personajes como la fujimorista Yesenia Ponce, quien descaradamente fue blindada por sus correligionarios en la Comisión de Ética pese a que se puso al descubierto que su pasado escolar era una grosera farsa. O como su colega Edwin Vergara, exsocio de un narcotraficante colombiano, recientemente detenido con casi una tonelada de cocaína. A ellos se le suma la kenjista Lizbeth Robles, cuyo único superpoder había sido exigirles a sus trabajadores que le entreguen la mitad de sus sueldos.

Señores, estamos frente a un mal endémico que no sabe de colores políticos. En la tienda del Frente Amplio, por ejemplo, podemos encontrar a congresistas con sentencia de prisión efectiva. Así como lo lee: Zacarías Lapa fue condenado a cuatro años y ocho meses de cárcel (¡y lo mismo ocurre con el fujimorista Guillermo Martorell y el apepista Benicio Río!). Junto al excura Marco Arana también pululan legisladores con discurso proterrorista: Justiniano Apaza y Rogelio Tucto (este último se hizo conocido por reclamar el indulto del asesino Abimael Guzmán).

Ante esta calamitosa situación urge que la ciudadanía se haga responsable de sus votos y, por consiguiente, de todos los pasivos de las joyitas que lleva a Palacio Legislativo. Paso a explicarme: el sistema del voto preferencial debe ampliarse hasta su máxima expresión y permitir votar en libertad hasta por dos candidatos de diferentes partidos políticos. Así, el yerro será nada más que nuestro si vemos a “robacables” o “comepollos” en los Pasos Perdidos. Adiós a la inocentona excusa de que “los partidos siempre son los culpables”.

Y no me vengan a decir con que la eliminación del voto preferencial alentaría la consolidación de las agrupaciones porque incentiva las elecciones internas (y bla, bla, bla). Mentira: en el Perú hay puros cascarones y no hay otra que adaptarnos. Ya sabemos que el azar (cifra repartidora) nunca ha estado de nuestro lado. Es más, es este juego matemático que provoca que los mecenas –como me contaba el portavoz aprista que mencione líneas arriba– se hagan con los primeros números en las listas, de acuerdo a los verdes que vayan inyectando.

Por último, a diferencia de lo que proponen algunos no creo que la solución sea exigir que todos los candidatos estén inscritos en los partidos. Basta con implementar una pequeña área de selección que se encargue de escarbar en el pasado oscuro de los militantes e invitados que pretenden un curul. Me pregunto: ¿si no pueden siquiera revisar ciento treinta hojas de vida, merecerán acaso fiscalizar a todo un aparato estatal?

  • De comprobarse que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se inmiscuyó en la política interna para tratar de salvar a PPK de su eventual destitución, la Cancillería debería exigir su renuncia inmediata. Que no nos agarren –como siempre– de tontos.
  • La entrevista ofrecida por PPK a CNN nos deja un final de película: ¡el gringo nos perdona! Muchas gracias, señor Kuczysnki, por no guardar rencores. Bien sabe que todos estamos equivocados y que usted jamás tuvo vínculo alguno con Odebrecht (!). PPK, we know what you did…

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