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Opinión


24 Julio, 2018.

Los oportunistas y su indignocracia

¡Fuera de acá, ídolos de barro! La gente está cansada de su falsos predicamentos y poses: si todos deben irse, ustedes son los que deben irse primero. Mientras tanto, los peruanos de bien necesitamos recordar lo mejor de nosotros y lo que podemos ser.

Jorge Villena

| Columnista invitado

Luego del escándalo desatado por los audios que revelan altos niveles de corrupción en el Poder Judicial y el Concejo Nacional de la Magistratura, y en algunos empresarios y políticos, se desató una natural ola de indignación que rápidamente fue capitalizada por la izquierda. Las ONG y colectivos este sector anunciaron una de sus acostumbradas movilizaciones, con el mismo libreto y el mismo elenco de artistas e influenciadores pontificando sobre moral.

Lo sorprendente en esta ocasión ha sido que un gran sector de la prensa y políticos, alineados en el discurso infantil izquierdista, pedían a gritos que el presidente haga cambios, que rueden cabezas y que el Congreso destituya a los cuestionados magistrados en tiempo récord. Bueno, si alguna lección podemos sacar de los últimos (y frecuentes) escándalos políticos, es que la Constitución y las Leyes contienen las herramientas necesarias para resolver todas estas crisis. Precisamente algunos teóricos consideran que la democracia como “la institucionalización del conflicto”, dado que este último es un hecho humano inevitable y que las leyes nos permiten resolverlo sin llegar a los golpes.

Una democracia sana es una condición sine qua non para el funcionamiento de una república, así como el equilibrio de poderes, el diálogo entre ellos y su mutua colaboración para resolver los asuntos públicos.

En política, los problemas se resuelven de dos formas: la rápida y la definitiva. El detalle es que las soluciones rápidas nunca son definitivas; muchas veces terminan siendo peor que el problema ya que solo se hacen para pasar el momento. Por eso es que en momentos de crisis requerimos de políticos responsables y maduros para llevar adelante los diálogos y consensos –que permitan soluciones permanente– y no a quienes se dejen llevar como borregos por los oportunistas.

Los gestos públicos son importantes: Martín Vizcarra mostró reflejos y solicitó al Congreso destituir a los magistrados. El Parlamento lo tramitó rápidamente para cumplir con el debido proceso en el menor tiempo posible y votó por la destitución. En ese sentido, resultan lamentables las declaraciones del flamante ministro de Justicia, Vicente Zeballos, quien parece haber olvidado que como ministro de justicia es el asesor legal del presidente.  Señor Vizcarra, háganos el favor de ubicarlo. La posición personal del ministro Zeballos aquí no tiene cabida pues quien define los temas sobre los que el opina no es él (felizmente) sino el mandatario y su jefe de gabinete.

A propósito de ello y llevándolo al plano personal, me indigna el repugnante aprovechamiento político que hacen los oportunistas, los mismos que apoyaron a toda clase de políticos corruptos y que ahora vienen de nuevo a decirnos que ellos son los limpios, los buenos, que ellos escogen a líderes honestos por los que debemos votar. ¡Fuera de acá, ídolos de barro! La gente está cansada de su falsos predicamentos y poses: si todos deben irse, ustedes son los que deben irse primero.

Y es que si bien la indignación popular es comprensible y la población está harta de la corrupción en todo nivel, no necesitamos más polarización sino un debate nacional serio sobre los valores que debemos difundir para superar está crisis moral. Esto ya no es un tema solo de leyes; es mucho más profundo. Un puñado de jueces y magistrados no pueden hacernos olvidar lo que somos, ni lo que queremos ser; no pueden debilitarnos como país. Una panda de inmorales que no representan a los peruanos nos puede causar indignación pero jamás nos puede derrotar.

Los oportunistas quieren que nos demos por vencidos, que bajemos los brazos; que nos gobierne “la indignación” y el desgano. Incluso, se han atrevido a sugerir una acción absolutamente antipatriótica como la de no celebrar las actividades por aniversario de la independencia nacional. Si ellos no quieren participar, ¡pues que no vayan! Total, sabemos que no les importa la patria.

Hoy más que nunca, los peruanos de bien necesitamos recordar lo mejor de nosotros y lo que podemos ser. Rememoremos a nuestros héroes y a nuestra historia, volvamos a sentir el orgullo. La gloria no se alcanza sin sacrificios. Nuestros triunfos no valen si no los sufrimos antes.

Las actividades de fiestas patrias no son de los políticos, sino del PUEBLO.


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