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Opinión


12 Junio, 2018.

Los Mundiales para el Perú (parte 1)

Un Mundial no solo es un espectáculo verde y global. Es mucho más que eso: implica grandes organizaciones y mueve intereses de todo tipo.

El fútbol es lo que es porque une a la gente y desarrolla pasiones, porque se expresa socialmente con sencillez y porque hace sonreír al espectador a pesar de sus preocupaciones. Logra que personas que no se conocen sean amigos y cómplices por noventa minutos. Es un deporte que crea ideales de grupo, que hace salir lo simple de la gente: por él los niños corran, griten, son solidarios y se ejercitan.

Sin embargo, un Mundial no solo es un espectáculo verde y global. Es mucho más que eso; implica grandes organizaciones y mueve intereses de todo tipo. México 70, por ejemplo, siempre será recordado por el juego de Chale, los goles de Cubillas o el baile que Sotil dio en la cancha haciendo vibrar a las tribunas. En esa ocasión, además, Perú le jugó de tú a tú al Brasil de Gerson, Pelé y Rivelino.

Pero los Mundiales también sirven para el manejo político y aquella vez a México le sirvió para maquillar la reciente matanza de Tlatelolco: en 1968 miles de estudiantes salieron a marchar contra el gobierno y fueron aplastados. Murieron miles de jóvenes. La película “Rojo amanecer” muestra cómo la policía buscaba casa por casa, puerta por puerta, a los que habían logrado esconderse entre los vecinos de la zona. Muchos de los ellos nunca más aparecieron.

En el Perú a su vez se jugó otro partido, pero contra la adversidad: un terremoto en Yungay había provocado un aluvión y sepultado a todo el pueblo. Sí, a todo un pueblo. No obstante, a pesar de estos problemas, nada impidió que el país vibrara con su selección. Perú era dirigido por el brasilero Didí, un exjugador famoso porque en su tiempo hacía disparos de balón en “hoja muerta” (es decir pateaba la pelota de tal forma que esta en el aire cambiaba de rumbo para dirigirse finalmente al arco). Y la selección peruana maravilló al mundo con su toque y buen ritmo.

Años después –en el 78– la selección iría a otro Mundial, esta vez el de Argentina. Pero en aquella época ambos países vivían bajo dictaduras: el gobierno peruano había apresado a un grupo de políticos y periodistas opositores y lo envió a un cuartel argentino. Mientras tanto, también en el país sureño el equipo peruano se enfrentaba a Escocia, con grandes goles de Cubillas y jugadas de taco de César Cueto.

Argentina 78 también es recordado porque antes del seis a cero con Argentina el propio secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, entró a los vestuarios del equipo peruano acompañando al presidente Videla. Así es el fútbol: mueve multitudes; pero también la política y otros intereses. En el Perú de aquella época, la gente se jugaba por el partido de la búsqueda de la democracia.

Luego vendría el Mundial de España 82: se esperaba mucho de la selección de ese entonces y eran los tiempos de Velásquez, Uribe y Barbadillo. Perú, no obstante, decepcionó desde el primer partido pues a las justas logró empatar con un subestimado Camerún. Se acababa así una década de grandes jugadores (continuará).

 


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