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Opinión


7 Febrero, 2018.

Los idiotas no tienen género

Cuando el feminismo se convierte en la policía del arte: a propósito de Carmen de Bizet, Hylas y las ninfas de Waterhouse (y el colofón lo pone la Dircote yendo contra el arte popular de Sarhua).

Hombres. En la última escena de Carmen de Bizet —una de cuyas intérpretes más deslumbrantes fue María Callas—, la protagonista que da el nombre a la ópera muere a manos de don José, su amante. En la obra estrenada en 1875 la gitana de espíritu libre toma el amor según venga y seduce a don José, un joven militar que ante los encantos de Carmen “pierde la cabeza”, rompe con su novia, traiciona a su regimiento, se rebela contra su capitán y deserta para unirse a una banda de malhechores. En simple, arruina su vida por el amor de la gitanilla.

Ella, intensa con la pasión sobre la cual hace girar toda su errante vida, pronto se cansa de don José y cae rendida ante el capote y el traje de luces de Escamillo, el torero. La tragedia (porque esa es la esencia de esta ópera) no se hace esperar cuando don José, consciente de todo lo que ha sacrificado por Carmen y enceguecido por la furia y los celos, la mata, ante el aplauso del público que pone fin al espectáculo.

Pues bien, a un par de hombres feministas —el director italiano Leo Muscato y el director del teatro Di Maggio de Florencia— se les ocurrió que dados los tiempos que corren (#MeToo y #TimesUp) la ópera de Bizet NO podía terminar así y decidieron REESCRIBIR el final. Es como si alguien reescribiera el final de una novela que no le pertenece, o de una pieza musical o se le ocurriera repintar un lienzo porque le parece “chocante”. Ellos le llaman “su versión”, aunque no es más que una estafa, una burda falsificación de la realidad, un timo.

En el nuevo final de los dos idiotas feministas, Carmen no muere apuñalada por don José sino que este muere baleado por Carmen. Todo en defensa propia, muy “correcto”, muy “polite”, muy “proper”. De la TRAGEDIA, claro, NO QUEDA NADA y, por lo tanto, de Carmen de Bizet TAMPOCO. A no ser que la verdadera tragedia sea la “versión feminista” que acoge este engendro. En su estreno este último 7 de enero, a teatro lleno, los abucheos, pitos y maracas casi unánimes del público sellaron lo que siempre habían sido aplausos. Los dos idiotas quedaron perplejos.

Mujeres. En la Galería de Arte de Manchester (Reino Unido), a las señoras Clare Gannaway y Sonia Boyce, comisaria de arte del museo y artista respectivamente, se les ocurrió que una de las salas tampoco tenía un nombre que fuera con los tiempos. Para ellas, “En busca de la belleza”, en la cual se exponían lienzos de mujeres desnudas o en poses insinuantes o simplemente sensuales, era “chocante”. Así que se pusieron manos a la obra y eligieron el óleo del pintor decimonónico John William Waterhouse, de estilo prerrafaelista,”Hylas y las ninfas” para retirarlo de la sala.

Acaso porque las ninfas desnudas del estanque miraban encandiladas al bello Hylas, es de suponer que las señoras consideraran el lienzo como el emblemático cuadro “machista” de la mujer “objeto” que solo sirve como adorno y para ser bella. Y con toda la cháchara que les es propia, las dos feministas explicaron que de ninguna manera el retiro de la obra era una censura sino, por el contrario, una “invitación a un espacio de debate y reflexión” porque “en un mundo lleno de cuestiones interrelacionadas de género, raza, sexualidad y clase que nos afectan a todos, ¿cómo podrían las obras de arte hablar de una forma más contemporánea y relevante?” Y, como no faltaba más, el broche de oro de las señoras Gannaway y Boyce fue una arenga pasionaria: “¡Desafiemos esta fantasía victoriana!”

La policía. Hace poco, aquí en el Perú, un lote de obras de arte popular del distrito de Sarhua destinadas al Museo de Arte de Lima fue incautado en aduanas por la Dircote como sospechoso de “apología del terrorismo”. Las obras, parte de la memoria de ese pueblo asolado por el terror de Sendero Luminoso, fueron donadas al MALI por La Asociación Con/Vida Popular Arts for the Americas.

Felizmente ya fueron devueltas al museo. Al igual que Carmen de Bizet y de Hylas y las Ninfas de Waterhouse, a alguien se le ocurrió que debían tener una línea “correcta” de acuerdo con “la moral” “la ley” y las “buenas costumbres” de los tiempos que corren.

El arte, decía Oscar Wilde, no puede ser juzgado por ser moral o inmoral de acuerdo con la ideología de turno, sino simplemente por ser bello. Esa belleza la decide en su consciencia su interlocutor de cara a la revelación de la obra de arte. Sin filtros y sin falsificaciones como las de los celadores y celadoras del arte Leo Buscato, Clare Gannaway y Sonia Boyce o los escrutinios de un policía cualquiera.


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