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Opinión


21 Diciembre, 2017.

Los hombres del presidente

Han convertido al Perú en un cuadrilátero: gana el que pega más fuerte o el que es capaz de sobornar al árbitro, o el que puede soportar la presión de las tribunas.

¡La apasionada ceguera de algunos aliados estremece! Todos los antifujimoristas apoyan a PPK en su terquedad, apasionadamente, tal como ocurrió ese domingo 5 de junio en el que fue electo presidente de la República.

La división en torno a Fuerza Popular es la consigna de este país, incentivada por una lista de personajes con egos inflados y agendas incumplidas. El país se ha convertido en un cuadrilátero, gana el que pega mas fuerte o el que es capaz de sobornar al árbitro.

Algunas reflexiones:

UNO.- Ayer circuló un reportaje de CGTN América (la sucursal estadounidense de China Global Televisión) sobre el proceso de vacancia del PPK, en el que entrevistaban al expremier humalista Pedro Cateriano. Cateriano se despachó a sus anchas ante la prensa internacional destacando que el Congreso le ha impuesto un ultimátum, violando su derecho de legítima defensa y de presunción de inocencia y mancillando las sanas reglas de la convivencia democrática y mancillando el bien ganado prestigio del país. El abogado Cateriano en ningún momento mencionó que la vacancia es una prerrogativa constitucional porque para él parece que la ley solo se invoca cuando favorece.

DOS.- La primera “coach” de la nación, Rosa María Palacios —aliada incondicional, experta en lavar cerebros a punta de encono y frustración— ha ido engendrando temores de vacancia en PPK desde muy temprano, a partir del primer enfrentamiento con el Congreso como consecuencia de la tortuosa interpelación al exministro Saavedra. Obstruccionismo, odio y revancha han sido los elementos principales de su discurso, que hoy pesan en el ánimo de un aterrado presidente decidido a apelar a todos los recursos a su alcance para defenderse, incluso sometiendo la independencia institucional del país a organismos internacionales como la OEA que no tienen cabida en este proceso.

TRES.- Juan Sheput también enrarece el ambiente. Se ha constituido en el escudero más visible del presidente, mientras que Fernando Zavala hace el mismo trabajo desde la sombra. Maneja discursos ambivalentes con dos claros objetivos: (i) manipular a la opinión pública para que se desmerezca el proceso constitucional con el fin de que se perciba como un atropello a manotazo limpio del fujimorismo, como una práctica habitual contra el orden constitucional y, (ii) debilitar a Fuerza Popular sobre la base de atribuirle responsabilidad por lo que sería un fallido proceso de vacancia.

No en vano se ha dedicado a declarar desde ayer que la alianza con Vilcatoma les es perjudicial y que sería un “papelón” para estos si no se alcanzara los 87 votos de ley. ¿Qué maniobras conoce el señor Sheput, dirigidas a doblegar voluntades de algunos congresistas? ¿Estaría confirmando las reuniones secretas con parlamentarios de otras bancadas? Desafortunadamente nuestra representación nacional tiene muchas debilidades y el partido de Gobierno, la fuerza que le dan sus aliados oportunistas.

Indistintamente de la realidad, quieren posicionar como posverdad que se trata de una afrenta golpista y antidemocrática contra el país. Gran parte de los medios y analistas, así como las redes sociales, contribuyen —por interés o por ignorancia— a construir ese nefasto escenario en el que todo vale, menos el Perú.

CUATRO.- El presidente ha contratado como abogado a Alberto Borea Odría, reconocido por sus anticuerpos contra el fujimorismo y aprismo y por su capacidad de hacer alboroto y lograr que se privilegie la forma sobre el fondo. Y es que toda la defensa del presidente consiste en hacer bulla y en generar falsas percepciones de un quiebre a la democracia. El típico leguleyo que le debe haber aconsejado al presidente jugar a ganador e interponer catorce acciones de amparo sobre casi lo mismo, con la esperanza de que un juez amigo le toque en suerte, dispuesto a servir con inusual celeridad y eficiencia.

CINCO.- Varios ministros le han aconsejado a PPK que renuncie, a pesar de que no tienen certeza de mantenerse en el Gabinete porque evidentemente Martín Vizcarra lo conformaría con gente cercana, de su confianza, posiblemente con aquellos que lo acompañaron durante su gestión como gobernador regional de Moquegua. Muchos piensan que es un hombre débil y que Fuerza Popular lo digitaría a su antojo, lo que irrita especialmente a Juan Sheput —quien exigió que por razones de lealtad en caso se declare la vacancia renuncien ambos vicepresidentes. Parece que no midió la irresponsabilidad de su requerimiento y las implicancias de convocar a nuevas elecciones.

SEIS.- En su discurso del domingo pasado PPK tuvo la audacia de equipararse con Richard Nixon, quien fue obligado a dimitir por presión del Congreso estadounidense ante su falta de colaboración con las investigaciones del escándalo Watergate, entre otras perlas. ¿Presidentes de ingrata recordación le evocan similitud a Kuczynski? ¿Así estamos?

Lo cierto es que “los hombres del presidente” han convertido al Perú en un cuadrilátero. Gana el que pega más fuerte o el que es capaz de sobornar al árbitro, o el que puede soportar la presión de las tribunas. En cualquier caso parece que no será un “fair play”, y si los congresistas deciden enfermarse o sorpresivamente ausentarse la legitimidad del proceso será aún más cuestionable. Mientras tanto, nadie piensa en el país.


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