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Opinión


17 Febrero, 2018.

Los gestos postreros

El presidente juega a los impactos sociales; por eso saca de la manga la orden de ‘evaluar’ la remuneración mínima vital. Pero ningún gesto por político o populista que sea lo sacará de su trance personal.

El mandatario no quiere ver su país: piensa en los puntos que ha perdido en las encuestas y se empeña en entregarnos gestos que él cree que son de gobierno, cuando lo único que reflejan es desesperación por una situación ya inmanejable. No quiere ver ni escuchar… y lo acompaña su primera ministra, quien le sigue la corriente bien instalada en ese país de ficción en que ellos son autoridad y gobiernan.

Pero la foto y el discurso sobre un presunto trabajo incesante con un equipo cohesionado de gobierno solo dan para la anécdota mientras la incertidumbre política y la parálisis económica continúan su corrosivo camino. La gestualidad es para las tribunas; no significan eficacia ni eficiencia, menos aún legitimidad ante una población que cada día está más cansada de la situación. Nadie quisiera la vacancia presidencial por sus secuelas traumáticas, pero tampoco es posible aceptar que las distracciones sean gestos de gobierno en un país en plena parálisis.

Estamos ante un gobierno mediático con un gobernante que se pasea acompañado de su primera ministra inaugurando o inspeccionando obras en marcha con sendos cascos en la cabeza, mientras en la penúltima hora piden al Parlamento la modificación de un Decreto de Urgencia que está haciendo quebrar cientos de empresas. Es este el gobierno de lujo, de tecnócratas y economistas que dejan entrar al elefante en la cristalería y solo reaccionan cuando la mitad del producto está ya en el suelo.

El presidente juega a los impactos sociales, por eso saca de la manga la orden de ‘evaluar’ la remuneración mínima vital; en mal momento cuando la productividad o la economía del país están a la baja. Kuczynski quiere quedarse en Palacio, pero la verdad es que ya no depende de él. Está rodeado y no quiere darse cuenta. Ningún gesto por político o populista que sea lo sacará de su trance personal. Si quiere exhibir un último reducto de racionalidad, este debería ser la renuncia para aceptar que un gobierno de Martín Vizcarra sería lo mejor para el país en estos momentos difíciles.

Unas líneas para despedir a don Alejandro Graña Aramburú. Con él se va un gran símbolo del humanismo militante, un excelente médico, fino poeta, escritor y literato, animador de tertulias y conferencias, hombre de la cultura como pocos. Cuánta falta nos hará su nobleza, su grandeza de objetivos y su inmensa sensibilidad. Condolencias sentidas para su esposa Serenella Matteucci y para su hijo Alejandr,o y para todos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y hoy nos duele tanto su partida. QEPD.


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