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Opinión


9 Mayo, 2018.

Los están matando

Una falsa superioridad intelectual se ha instalado entre muchos de los que defienden el aborto. Más allá de contrastar argumentos, tratan de deslegitimar a través de la ironía a quien piensa distinto, y en medio de esto se lleva a cabo la muerte cruel y violenta un ser humano.

Luis Eduardo Falen

| Columnista invitado

El sábado se realizó la Marcha por la Vida, una de las manifestaciones provida más grandes del mundo. Pero lo que más ha llamado la atención no ha sido el alto número de personas que convoca año a año (algo que ya es usual) sino las reacciones de muchas personas en redes sociales y las marchas paralelas que, evocando una falsa superioridad intelectual, se niegan a la defensa del no nacido e ironizan sobre ella, deslegitimando la posición de quien piensa distinto. Y en medio de todo esto, se lleva a cabo la muerte cruel y violenta de un ser humano, un drama desgarrador para la mujer que lo sufre y un fracaso colectivo de la sociedad.

Negar la violencia del aborto llamándolo “terminación del embarazo” antes que “terminación de la vida” es una de las máximas de los proaborto. Ante esto Anthony Levatino, un exabortista estadounidense, narra en una serie de videos los procedimientos de un aborto. Así, según la etapa del embarazo, se podrá succionar al niño con algo similar a una aspiradora o si está en una etapa más avanzada se destrozará al bebé dentro del vientre de su madre y luego será removido.

Por su parte, otro grupo que defiende el aborto se pregunta: “¿En qué punto podemos terminar el embarazo?”. Aquí surgen varias propuestas para trazar la línea: los latidos del corazón, la función cerebral, la capacidad sensitiva, entre otros. Sin embargo, no se dan cuenta de que el problema es que cada vez que se traza una línea que no sea la fecundación, se traza una falsa línea que también se puede aplicar a gente adulta. ¿Matamos a los que usan marcapasos? ¿A los que están en coma? La respuesta para todos los casos –incluido el no nacido– es no.

Finalmente, está el caso de la violación; tal vez el que más dudas genera incluso entre los que defienden la vida. Sin embargo, la moralidad de asesinar a un niño no cambia mientras este no amenace realmente la vida de la madre. Y es que, como dice Rafael Correa –uno de los pocos líderes de izquierda que defiende abiertamente la vida–, el peor de los traumas no justifica el peor de los crímenes. El camino de la defensa de la vida no es fácil. Y luchar contra esa falsa superioridad intelectual lo hace aún más difícil.


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