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Los chalecos amarillos y el regreso de los cabildos abiertos

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Tanto el presidente Macron como sus ministros han tenido activa participación escuchando a los ciudadanos y a sus representantes, e intercambiando en directo alternativas y soluciones.



La irrupción del movimiento de los “chalecos amarillos” (gilets jaunes) en Francia desde noviembre del año pasado fue una respuesta indignada ante la indiferencia de los gobernantes, que ignoraron los reclamos de la población. Todo, a causa del fuerte aumento del precio de la gasolina, producto del alza de los precios internacionales y de los impuestos… una mala combinación.

La población, que ya daba signos de descontento ante actitudes presidenciales que en gran parte eran sentidas como arrogantes, soberbias e imperiales, salió entonces a protestar a las calles e incluyó en su plataforma otras reivindicaciones. Así, le dio a este movimiento una característica de insurgencia y de hartazgo por la sensación de que la cúpula dirigente está muy alejada de la gente, y de su realidad social y económica cotidiana.

Las medidas que el gobierno de Macron tuvo que implementar ante el incremento de las protestas –muchas veces con demostraciones de violencia inauditas causadas por extremistas de derecha e izquierda– no sirvieron de nada, y la popularidad del presidente entró en caída libre (por ejemplo, en diciembre de 2018 bajó a un peligroso 18%). Se alzaron las voces de renuncia y el pedido de disolución de la Asamblea Nacional (Cámara de Diputados ), algo que en Francia es potestad del presidente frente a crisis políticas de gravedad y que ya se ha dado en el pasado por ser parte intrínseca de la democracia francesa.

En un escenario complicado y caótico por las protestas, y por la cada vez más insistente oposición política, el gobierno francés tuvo la iniciativa de que todo ciudadano pudiese inscribir sus reivindicaciones en cuadernos que estarían en todas las municipalidades de Francia. Además, habilitaron una página web para el mismo efecto, lo que de inmediato calmó los ánimos. En paralelo, se iniciaron cabildos, primero con alcaldes distritales y provinciales, para poco a poco ir incluyendo a la población.

Se regresó, entonces, al cabildo abierto. Y tanto el presidente Macron como sus ministros han tenido activa participación en ellos, escuchando a los ciudadanos y a sus representantes, e intercambiando en directo alternativas y soluciones. El presidente cuenta ahora con 34% de aprobación y sigue subiendo; un contexto mucho más adecuado para los dos desafíos que se vienen: dar cuenta a la población del resultado de los cabildos yafrontar las elecciones europeas del próximo mayo.

Sería una práctica muy sana y de inclusión del ciudadano común en la política nacional si en el Perú, durante los desplazamientos del presidente o de sus ministros, se pudiera realizar este tipo de cabildos para escuchar directamente las preocupaciones, carencias, expectativas y los sueños del ciudadano. Mejor aún si se diera de manera proactiva, no cuando nos agobia algún desastre natural o por oportunidad política, como inicio de una cultura política ciudadana que solo traería beneficios para nuestro país.

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