toggle menu

Opinión


19 Octubre, 2017.

Leguía: la historia borrada

El desconocimiento sobre el expresidente fue provocado exprofeso por la sangrienta dictadura de extrema derecha que lo reemplazó, proclamando su muerte civil y borrando su nombre de la historia para que ignoremos durante casi un siglo su figura, obra y martirio.

Carlos Alzamora Traverso

| Columnista invitado

Durante el debate sobre el indulto al expresidente Alberto Fujimori se han formulado, por desconocimiento, afirmaciones y comparaciones erradas con el expresidente Augusto B. Leguía. Un desconocimiento provocado exprofeso por la sangrienta dictadura de extrema derecha que lo reemplazó, proclamando su muerte civil y borrando su nombre de la historia para que los peruanos ignoraran durante casi un siglo su figura, su obra y su martirio.

Pero durante quince años —tres períodos—, el presidente Leguía (electo y reelecto por grandes mayorías y ratificado por el voto casi unánime del Congreso) le dio al Perú las fronteras de las que carecía cien años después de su independencia, mediante tratados que no fueron denunciados por ninguno de los dieciocho gobiernos que lo siguieron. Desde una posición de derrota recuperó para el Perú Tacna y Tarata, modernizó al país, saneó y embelleció sus ciudades como nadie lo había hecho, culminó en Olmos su política de irrigaciones para hacer propietarios a los pequeños agricultores (aunque los terratenientes, que lo odiaban, destruyeron la obra ya en marcha), y celebró con un esplendor que resonó en el mundo los centenarios de la Independencia y de la batalla de Ayacucho.

Durante el gobierno de Leguía se publicó “Siete ensayos de interpretación la realidad peruana”, se fundó el Partido Socialista y también la CGTP; así mismo circuló con toda libertad la revista Amauta y se crearon las “universidades populares” González Prada.

Desterró a los conspiradores de derecha y a algunos opositores de izquierda, pero cierto es también que, por ejemplo, ofreció a Haya de la Torre la entonces Legación del Perú en Londres (que este no aceptó) y nombró a Mariátegui en un cargo en Roma para que durante cuatro años analizara y divulgara lo que ocurría en Europa. Una gran diferencia con la dictadura de la oligarquía que vino después, la cual apresó, torturó, exilió o fusiló a los luchadores sociales.

Al ser derrocado, y sin que mediara fallo judicial alguno, Augusto B. Leguía fue encerrado en la Penitenciaría en una celda de nueve metros cuadrados, con las ventanas tapiadas, para ser torturado física y moralmente hasta su muerte dos años después. Jamás fue condenado por el Poder Judicial del Perú y el espúreo Tribunal de Sanción que la dictadura armó con sus peores enemigos no encontró nunca pruebas de enriquecimiento ilícito, y murió sin un centavo.

Veinte años después de su muerte, miles de peruanos trasladaron en hombros sus restos mortales del Callao a Lima.


Etiquetas: , , ,