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Opinión


23 Diciembre, 2017.

Lecciones del proceso de vacancia

Esta novela todavía tiene corolarios y una posthistoria. Y ojalá las aguas se calmen de verdad antes de fin de año porque el país lo necesita.

Primó la estabilidad: también la impotencia, la parálisis, el temor, la rabia, el rencor, la protesta. Finalmente, se impuso la necesidad de una sobriedad que quizás el país busca y necesita. Como telenovela política, asistimos casi minuto a minuto a lo que fue un proceso de vacancia en vivo y en directo. Y esto ha servido para conocer más a nuestros políticos, a nuestros periodistas, a nuestra democracia. También para hacernos nuevas preguntas y descubrir nuevas vicisitudes. Aquí algunas de ellas.

1.- ¿Debe revisar el Congreso el proceso de vacancia? ¿Es válido que en cuatro días se pueda vacar a un presidente, cuando un desaforo a un congresista podría durar meses y con todas las seguridades de defensa y probanza? Resulta obvio, a estas alturas, que lo estipulado por el reglamento congresal está mal pensado o requiere de una revisión más adecuada a la realidad pragmática del país.

2.- ¿Los principios del debido proceso, de que nadie puede ser juzgado sin pruebas y sin un juicio justo y de doble instancia, son principios exclusivos del Derecho procesal,o estamos hablando de derechos universales aplicables a todos los ámbitos de la vida? El espectáculo al que asistimos tenía matices de procedimiento reglamentariamente bien hecho, fusilamiento político apresurado y circo romano a la vez, bajo la forma de un proceso político de vacancia. No se puede mezclar una destitución política con la honra de las personas, con el honor personal.

Todo esto requiere ser revisado. Un proceso político tiene que tener las seguridades del caso y equilibrios: de lo contrario conlleva el riesgo de convertirse en una humillación pública. Y así no puede ser la cosa.

3.- No está claro qué significa incapacidad moral permanente y cuál podría ser su diferencia con una incapacidad moral pasajera o episódica o de una condena moral. Tampoco la relación de todo esto con la política en general. Será necesario abrir este debate, y blindar con posterioridad estos conceptos de interpretaciones antojadizas, coyunturales o interesadas.

4.- ¿Habrá aprendido la lección PPK, valorará el nuevo endose de la población o seguirá su gobierno con más de lo mismo, con una óptica excluyente, despreciativa y hasta discriminadora? Si PPK no da señales de cambio desde hoy mismo volverá a poner en vilo al país. Y casi de manera automática: tal vez en menos de una semana.

5.- ¿Si nombra un nuevo gabinete, será más de lo mismo o permitirá a otros sectores participar del gobierno de nuestro país? En otras palabras, ¿incorporará a otras personalidades más allá de su entorno personal o seguirá, como lo ha estado haciendo, dando la impresión de que no escucha a nadie y de que está como capturado por un círculo con intereses creados?

6. ¿El fujimorismo habrá entendido que es necesario revisar su actitud para con el gobierno o seguirá con más de lo mismo, buscando de una u otra forma desestabilizarlo, más allá de los errores evidentes de PPK? El país quiere otra cosa: quiere calma, estabilidad, una alianza por la gobernabilidad y la economía. Claro, no a cualquier precio. Pero sí aceptando, guste o no, que no ganaron las elecciones. El fujimorismo tiene que escuchar a esa mitad de la población que quiere otra cosa.

Veremos qué pasa en los próximos días. Esta novela todavía tiene corolarios y una posthistoria. Y ojalá las aguas se calmen de verdad antes de fin de año porque el país lo necesita. Mientras todo esto ocurre, feliz navidad, amigos lectores.


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