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Opinión


8 Junio, 2018.

“Las prostitutas de Babilonia” (artículo publicado antes de la votación)

Hoy la noticia es que se vuelve a votar la suspensión de esos tres. En buena hora. Así podremos ver sin ambages quiénes se prostituyen por Kenji Fujimori y quiénes repudian con su voto su repugnante conducta.

Ayer, en pleno fragor del debate por la expectoración de tres parlamentarios acusados de delitos nauseabundos, un congresista evocó a las “prostitutas de Babilonia”. De inmediato fue llamado al orden por el presidente del Congreso.

Pero no le faltaba razón al congresista después de todo, aunque tal vez su sentido de la orientación no era tan agudo como para darse cuenta de cuán cerca de él estaban las babilonias. Porque, vamos –como señaló Mauricio Mulder en la que fue sin duda una de sus más brillantes intervenciones parlamentarias– en el Pleno de ayer el vil comercio de la compra de votos por la que se acusaba a los tres felones (a la ética pública) continuaba impúdico, aunque muy bien emperifollado de colorete y polvo talco marca “debido proceso”. La media corrida, sin embargo, delataba el vil oficio que, en este caso, no era el del periodismo: ¡milagro!

Seamos claros como el agua. Ayer, muchos y “muchas” querían acostarse con Kenji Fujimori, Guillermo Bocángel y Bienvenido Ramírez sin importarles un bledo los hechos evidentes de su ignominia. No era amor al chancho, por supuesto. ¿Qué cortesana se acuesta por amor? Era por los chicharrones de sus tres votos a favor de la lista alterna a Fuerza Popular que el pleno tendrá que votar el próximo 26 de julio.

Todo empezó con la moción del voto de censura contra el presidente del Congreso. El fustán rojo se veía a leguas. El objetivo no era otro que deslegitimar la sesión donde ya estaba planeado salvar a los tres felones. Abortó la maniobra por amplia mayoría.

Luego vino lo esperado. La defensa cerrada de los actos de corrupción cometidos por Kenji Fujimori y sus adláteres. El guión daba pena por lo prostituido que está. Fue el mismo que se utilizó en la primera vacancia de PPK: se retiraron del hemiciclo. La reprobación por la “cortesanía” cedió al asco por la hipocresía. Por lo menos se habrían lavado la cara si asumían su responsabilidad y votaban de acuerdo con su “conciencia” a favor de esos tres. Pero no. Si lo hacían habrían quedado en evidencia y, claro, el valor no es una palabra que esté en sus vocabularios. Son de tirar la piedra y esconder la mano.

Como era obvio, se ampararon en los afeites del “debido proceso” y en el “a pie juntillas” de la Constitución. Estos implicaban que Fujimori, Bocángel y Ramírez –¡a los que todos hemos visto comprando votos!– se quedaran mondos y lirondos en sus escaños, sin ninguna sanción, como si nada hubiera pasado hasta que sus votos se sumaran a la lista de oposición para la mesa directiva. Esa es toda la madre del cordero. Y es que esa gente no defiende ningún derecho; no defiende la constitución: ¡defiende sus propios intereses!

Ya en los previos al debate las “cortesanas de Babilonia” se habían quedado si su mayor “encanto”. Durante semanas, secundados por sus primas de la prensa chicha, habían machacado que la única prueba contra la ignominia de los tres felones había sido “manipulada”. Claro, ¿si los audios eran truchos cómo podían ser culpables Kenji y su pandilla? Hasta que ayer la propia fiscalía les quemó la película: los audios, según peritaje OFICIAL, no habían sido manipulados. Se entiende entonces por qué no les quedó otra que “retirarse” del hemiciclo con el rabo entre la piernas.

Pero como no saben perder, hoy la noticia es que se vuelve a votar la suspensión de esos tres. En buena hora. Así podremos ver sin ambages quiénes se prostituyen por Kenji Fujimori y quiénes repudian con su voto su indignante conducta.


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