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Opinión

Las cuerdas separadas y la tecnocracia

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Considero que la tecnocracia exhibe tres limitaciones que deben llamar a reflexión y a un mínimo de autocrítica: su falta de involucramiento en la política, la ausencia de una visión de desarrollo a largo plazo y su limitada capacidad de gestión.



El CADE de esta semana trata el tema del “fin de las cuerdas separadas”: el fin de la distancia entre la economía y la política. Esta distancia es el correlato de las limitaciones que ha tenido la llamada tecnocracia para generar reformas que nos permitan avanzar en lo económico y lo institucional, así como las dificultades de los políticos en entender las reglas de la economía.

Los defensores de la tecnocracia han rescatado el papel de estos buenos profesionales desempeñaron desde los años noventa, al defender un modelo de economía de mercado que a pesar de sus límites ha permitido la reducción de la pobreza y una notoria mejora en la calidad de vida de la población. Además, los tecnócratas subrayan que siempre han sido conscientes de los problemas institucionales del país. Argumentan que los políticos y otros profesionales no han hecho en el campo institucional el trabajo que ellos sí han desarrollado en la economía.

Sin dejar de estar de acuerdo con dicha defensa, como economista, reconozco tres limitaciones en la tecnocracia que considero deben llamar a reflexión y a un mínimo de autocrítica: su falta de involucramiento en la política, la ausencia de una visión de desarrollo a largo plazo y su limitada capacidad de gestión.

La falta de involucramiento en la política

Luis Bedoya Reyes dijo en un célebre debate de elección municipal que “los técnicos se alquilan” y no le faltaba razón. Su ausencia de visión es producto de una formación apolítica y, por ende, limitada para aplicar sus conocimientos a la realidad en donde toda reforma económica pasa por la política. De hecho, es el mismo pensamiento basado en una visión limitada a la (correcta) gestión financiera macroeconómica el que ha primado en la tecnocracia: un conjunto de profesionales cortados “con la misma tijera” conservadora.

El tecnócrata es adverso al riesgo, no se involucra en política partidaria para no incomodar al establishment; no hace “olas” (reformas) para no generar “ruido político”; tampoco dispone de un discurso que nos haga soñar; y desprecia lo ideológico. Todasestas son  actitudes cuya contrapartida es la falta de liderazgo necesario para hacer las reformas económicas e institucionales que se requieren para ir hacia un desarrollo de verdad. Es algo que entendió PPK cuando tuvo el coraje de lanzarse a la política.

No dudo, por ejemplo, de que es importantísimo reducir la tramitología para que los proyectos de inversión salgan adelante y para que los ciudadanos sean mejor atendidos por las instituciones públicas. Pero no basta con decirlo ¡Hay que hacerlo! Y para ello se requiere justamente liderazgo político.

Ausencia de una visión de desarrollo a largo plazo

En los noventa, el MEF adhirió a una cultura de austeridad y se abandonó todo intento de planificación. En consecuencia, por ejemplo, no hay una priorización de proyectos adecuada. Estos se dan según la iniciativa espontánea de los gobernantes y son limitados por criterios presupuestales de una austeridad propia de las épocas de escasez. Y los presupuestos no se ejecutan a pesar del evidente déficit de infraestructura.

Así, la falta de planes de desarrollo territorial, de planificación urbana sensata, de paquetes de proyectos de infraestructura bien priorizados, la misma inexistencia de un Ministerio de Economía o de Desarrollo independiente del de Hacienda (el MEF concentra ambos roles), como sí se da en otros países, es producto de esa visión demasiado preocupada por el crecimiento del próximo trimestre y la caja fiscal.

Limitada capacidad de gestión

Hay que solucionar los problemas rápido, sin burocratismo, tomando ciertos riesgos. Entre los mejores ministros actuales están, creo, Bruno Giuffra, Carlos Bruce y Fernando D’Alessio: todos con experiencia en gestión, y en el caso de Bruce además con un papel político notable desde el Ministerio de Vivienda quince años atrás y que ahora se presta a repetir. Solucionan rápido, toman riesgos, ven el largo plazo. La mayoría de tecnócratas no ha tenido la angustia de sacar adelante proyectos sí o sí y, en el mismo momento, tener que pagar planilla a fin de mes. Desde su ortodoxia le temen a la creatividad, a la innovación, al cambio.

Siguiendo las premisas del CADE 2017, considero modestamente que el Gobierno y el partido de Gobierno deben ahora más que nunca trabajar juntos para sacar adelante las reformas que requiere el país. Con la incorporación de “tecnócratas” a Peruanos Por el Kambio —ya dijimos que buscamos terminar con “las cuerdas separadas”— ello se va a facilitar. Máxime si la primera ministra es una notable economista que hace tiempo decidió involucrarse de lleno en política.

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