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Las barras y estrellas contra el arcoiris

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Donald Trump ha hecho lo que el sentido común y el patriotismo indicaban: ha prohibido que en las embajadas de los Estados Unidos se ice la bandera gay con la de las barras y las estrellas en el mes del "Orgullo Gay".



Cuando la ideología llega a niveles absurdos sucede el tema bajo comentario. Donald Trump ha prohibido que en las embajadas de los Estados Unidos se ice la bandera del arcoiris con la de las barras y las estrellas en el mes del “Orgullo Gay”.

Lo absurdo aquí es cómo, por qué y cuándo se produjo el disparate de que una bandera que representa legítimamente a un colectivo y sus reivindicaciones se permitiera izar con la del país. El cómo y el por qué y el cuándo son aquí la misma cosa. Durante el gobierno de Barack Obama, el presidente dispuso que la bandera gay que representa su agenda ideológica de género –con la que no todos los homosexuales, en SU LIBERTAD DE PENSAMIENTO, no tendrían necesariamente que estar de acuerdo; ni qué decir, los heterosexuales– ondeara con la bandera de los Estados Unidos en el mundo. Desde entonces, empezó a hacerse una práctica común un hecho más que discutible en la opinión pública pero acatado a pie juntillas por el establishment administrativo estadounidense del Departamento de Estado (lo que revela el grado de ideologización sectaria que durante años se ha ido apoderando a través de una casta académica del sistema político norteamericano).

Y todo esto, paradójicamente, al amparo del argumento de la libertad y el progreso humano que en sí ya está representado por la bandera de los Estados Unidos y su Constitución para cualquier americano.

Pues Trump ha hecho lo que el sentido común y el patriotismo indicaban: desmontar el divisionismo de una bandera cuya legitimidad de representación no es universal, como sí lo es la de la barra y las estrellas para los norteamericanos. Eso NO significa poner en reproche per se una ideología como la que representa la gay (por lo demás susceptible de debate y cuestionamientos académicos como cualquier otra), sino evitar darle un lugar POR ENCIMA de otras visiones del mundo amparadas por la Constitución de los Estados Unidos y su bandera.

La orden de Trump ha causado escozor en el aparato diplomático de Estados Unidos a tal punto de que algunas embajadas incluso casi optan por el desacato, lo que indica el boicot ideológico que el presidente de los Estados Unidos ha sufrido desde el primer día de ocupada la Oficina Oval. Sin embargo, la burocracia ha tenido que aceptar la orden presidencial para no caer en la “sedición”, aunque dándose maña para que los embajadores graben mensajes o se permitan colocar carteles gay friendly en la puerta de las embajadas y sus residencias, a falta de la bandera del arco iris flameando con la norteamericana: como si Estados Unidos fuera el reino del mago de Oz y su himno, cantado por la dulce Dorothy de Kansas, el Somewhere over the rainbow de Judy Garland.

Por lo demás, hablando de libertades, sí es una muy buena noticia que se haya despenalizado la homosexualidad en Botswana y el sultán de Brunei haya dado marcha atrás con castigar a los homosexuales a latigazos. No obstante, queda mucho por hacer en favor de la libertad pues todavía existen 12 países en el mundo en los que las prácticas homosexuales entre adultos se castigan con la pena de muerte.

Foto: Telemundo51

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