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Opinión


9 Marzo, 2018.

La vacancia: segundo debut

Se inicia un ciclo de difícil pronóstico donde la remoción de PPK solo dependerá de votos, no necesariamente de buenas razones.

César Campos

| Columnista

No ha sido fácil elaborar la nueva moción parlamentaria que persigue la vacancia del presidente Pedro Pablo Kuczynski. Lo demuestran los tropiezos experimentados por los sectores de oposición para sustituir la iniciativa original de Nuevo Perú, rechazada en principio debido a la hipocresía endémica de este grupo que —como se recuerda— sorprendió a tirios y troyanos abandonando el pleno del 21 de diciembre cuando se votaba el primer pedido de remoción del jefe de Estado. También las dificultades para lograr la suma de las 26 firmas exigidas por el reglamento.

Sin embargo, la reacción oficialista ante la solicitud de NP (singularizándola con el calificativo de “comunista” cuando en verdad ya había ganado la voluntad de casi todo el espectro político) terminó por unir a las partes en la misma dirección. El texto cambió, pero no el espíritu censor de un respetable número de congresistas.

Este otro impulso para esfumar la presencia de PPK del palacio presidencial confronta peculiaridades imposibles de soslayar. La primera, el intenso protagonismo provacancia de César Villanueva, legislador de Alianza Para el Progreso de César Acuña quien el pasado diciembre se abstuvo de apoyarla junto con la mayoría de su grupo (solo la respaldaron Julio Rosas y Benicio Rios).
Villanueva ha instigado ahora a todos sus colegas para que se junten las firmas necesarias y ha sido vocero principal del anuncio de la nueva moción. Se desconoce si APP se alineará finalmente con su posición aunque es notoria la resistencia de Gloria Montenegro a seguirlo en esta causa.

¿Es Villanueva ariete de Martín Vizcarra —vicepresidente y embajador con repentina mudez sobre la crisis política que propicia la oposición— para preparar el terreno aparentemente irreversible del tránsito constitucional hacia la renovación de la primera magistratura? ¿Dirá algo Vizcarra en las próximas horas atendiendo el furibundo reclamo de los legisladores pepekausas Juan Sheput y Guido Lombardi quienes lo emplazan a que, “desde el frío canadiense”, responda en cuál lado está?

La segunda es el termómetro que le colocan los adversarios congresales de PPK a su petición. Es decir, si acreditan la temperatura suficiente de votos para que la vacancia sea un hecho. Kenji Fujimori, aliado absoluto del oficialismo, continúa jaqueando a Fuerza Popular y a su propia hermana, sumando doce rebeldes. Es una incógnita si habrá más. Como lo es también si Elías Rodríguez del APRA inclinará la balanza a favor de Mauricio Mulder y Javier Velásquez (promotores del desaforo del presidente), o de Jorge del Castillo y Luciana León (matriculados en el concepto de “gobernabilidad” que todavía le otorga oxígeno).

Mulder asegura que esta vez sí la mayoría de la pequeña célula aprista determinará el voto colectivo.
APP y Acción Popular, en términos generales, son otro signo de interrogación. En el primero, se juega el peso de Villanueva contra los cubileteos de Richard Acuña. En el segundo, el de Víctor Andrés García Belaunde frente a la facción que los acciopopulistas llaman “raulista” (aludiendo a la influencia progubernamental sobre algunos parlamentarios de Raúl Diez Canseco, hijo pródigo del partido de la lampa).

A esto debemos añadir las tendencias crecientes que reportan las encuestas a favor de que PPK deje el cargo. Según la última de Pulso Perú (Datum), ese reclamo popular ha pasado de 53 a 63 %.

La tercera es que el procedimiento constitucional de la vacancia presidencial sigue tan oscuro como antes. Permanecemos en el limbo de saber si se trata de un juicio político (y por lo tanto, cargado hacia la subjetividad de quienes pueden impulsarlo) o de características semijudiciales en donde el procesado tiene garantías para exigir pruebas contundentes de su inconducta. ¿Existen las mismas o los cargos imputados tienen características similares a los esgrimidos en el proceso anterior?

Es por ello que algunos legisladores como García Belaunde creen conveniente debatir la moción luego que PPK reciba a la comisión Lava Jato el próximo viernes 16. Dicha comparecencia sería tomada como la jornada de descargos del presidente, la cual —si se considera después insatisfactoria—  sería antesala del pleno que discutirá la revocatoria. Pero si nadie asume el punto otra vez, me temo que el nuevo pedido tendrá que ajustarse a la jurisprudencia determinada por 19 votos contrarios y 21 abstenciones del mes de diciembre.

La cuarta es la proximidad de la Cumbre de las Américas prevista para realizarse los días 13 y 14 de abril en Lima. Desde el oficialismo, se argumenta que sería una presea para Nicolás Maduro y su corte de chavistas latinoamericanos moverle el piso a quien ha liderado en la región el rechazo al régimen de Venezuela antes de esa cumbre. Más aún frente a la amenaza de Maduro de arribar a nuestra capital llueve, truene o relampaguee. ¿Medirá la oposición democrática el impacto de una remoción de PPK mientras Maduro emprende vuelo hacia el Perú? Lo previsible es que el Frente Amplio y NP lo celebren hasta la embriaguez.

Pero, ojalá, PPK no regrese a la cantaleta de que el debate de su vacancia es un “golpe de Estado encubierto” ni menos que llame a Pedro Cateriano para activar la Carta Democrática de la OEA. Sería un reconocimiento explícito a que nuestro país no vive una plena democracia y por lo tanto su gobierno queda sin autoridad para reclamársela a Maduro u otros.

Obras son amores y no buenas razones, reza el dicho popular. Parafraseándolo, solo cabe decir que con el segundo debut de la vacancia presidencial se inicia un ciclo de difícil pronóstico donde la remoción de PPK solo dependerá de votos y no necesariamente de buenas razones.


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