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Opinión


8 Junio, 2018.

La Sunat, Eguiguren y sus sagradas habilidades

No es necesario ser un experto en fiscalidad para determinar que los argumentos de Eguiguren son efectistas y deleznables, que el Poder Judicial opta siempre por el facilismo y que el cobro abusivo a Telefónica le juega en contra a la Sunat.

¿Servicios personalísimos digitados desde Washington donde ejerce el cargo de presidente de la CIDH? ¡Francisco Eguiguren es un crack! Ojalá todos los abogados hubieran tenido la suerte de ser íntimos amigos de una todopoderosa primera dama, quien con habilidad digital (o sea, a dedo) le impusiera a su prima, la jefa de una entidad encumbrada como la Sunat, la millonaria contratación de un constitucionalista para dirigir a un equipo de abogados encargados de la defensa de temas estrictamente tributarios.

¡El mundo al revés o simplemente la manufactura de Nadine Heredia! Antes de ello, Eguiguren fue embajador del Perú en España y con una generosidad propia de cuando se dispendia dinero ajeno adquirió para la residencia un inmueble demasiado costoso para su inadecuada ubicación. ¡El que podía, podía (y más como una complaciente canciller como Eda Rivas)!

Eguiguren se siente orgulloso de haber ganado un juicio contra Telefónica en la Corte Suprema, a costa de haber desconocido –abiertamente y sin ningún pudor– los informes especializados preparados por el MTC y la propia Sunat respecto a las características de los servicios satelitales: se trataba de información esencial para determinar si se trataba de actos gravados con el Impuesto a la Renta. Lo grave es que tiene el coraje de sostener que no se había configurado una situación de inseguridad jurídica, cuando intencionalmente este célebre constitucionalista violó toda predictibilidad precisamente por excluir del análisis estudios indispensables para determinar la naturaleza de los serviciosu su negada calidad de hecho imponible.

Otro de sus cuestionables argumentos es que la Sunat no habría analizado los contratos en los que se establece que los impuestos serían de cargo de Telefónica. Le recuerdo al excelentísimo Dr. Eguiguren que este es un pacto típico cuando se suscriben convenios con agentes del exterior, que en modo alguno se refiere específicamente al Impuesto a la Renta sino a los eventuales tributos –exigibles o futuros– que pudieran afectar a estos servicios en el Perú. Sería insólito que las partes, contractualmente, pudieran establecer su marco tributario. ¿Tendrá que regresar a las aulas para recordar el principio de legalidad? Los tributos se crean, modifican o derogan solamente por ley o por norma de igual rango.

No es necesario ser un experto en fiscalidad para determinar que los argumentos de Eguiguren son efectistas y deleznables, que el Poder Judicial opta siempre por el facilismo y que este cobro abusivo y prepotente le juega en contra a la Sunat. La deslegitima absolutamente en tiempos que requiere, con urgencia, recobrar su credibilidad.

Dr. Eguiguren, recuerde las sabias palabras de Abraham Lincoln y no deje que su soberbia lo traicione: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo o a alguno todo el tiempo, pero no a todo el mundo todo el tiempo”.


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